De la De Middel y Sánchez Kane: una lectura reparativa paranoica de los memes que me afligen

Texto por Susana Vargas Cervantes

Me encuentro en el Museo de Antropología de la Ciudad de México y, antes de entrar a la sala cinco, leo: “Estos toltecas eran ciertamente sabios. Solían dialogar con su propio corazón”. Me pregunto: ¿Qué implica dialogar con tu corazón? Para mí es saber diferenciar tu intuición de tu paranoia.

Eve Kosofsky Sedgwick, una pionera de la teoría queer, habla de esto en su último libro Touching Feeling: Affect, Pedagogy, Performativity (Duke University Press, 2003), cuya traducción literal sería: “Tocando Sintiendo”, pero que vendría siendo: “Tocando sentimientos: afectos, pedagogía y performatividad”. En el capítulo 4 distingue entre “Lectura paranoica y lectura reparativa, o, eres tan paranoico que probablemente piensas que este ensayo es sobre ti1

Una lectura paranoica es “rígida, sombría, resuelta, contraproducente, circular, redentora, hipervigilante, minuciosamente minuciosa, despectiva, burlona, cruel, monopolista” (Love, 2010; 237) y, por si fuera poco, yo añadiría, contagiosa y tautológica. Se trata de moverse de una lectura paranoica que fija el conocimiento: “¡esto es así!”, a preguntarnos, si digo “esto es así” por qué lo digo y para qué. Es movernos del resentimiento y el enojo, a la curiosidad, la experimentación y el amor. Es dialogar con el corazón.

Cristina de Middel, de la serie This is what hatred did, 2013.

En este mismo libro, Sedgwick habla de cómo cuando aprendemos algo, también lo aprehendemos. Es decir, el proceso de aprendizaje es cuando algo te suena a verdad, porque pareciera que solo está confirmando algo que ya sabías. A mí esta experiencia de Sedgwick también me suena. Es decir, ya lo sabía intuitivamente. Y este reflejo que pareciera automático no lo es. No lo es porque sutilmente requiere ser como los toltecas, estar conectado con el corazón, y poder diferenciar lo que me suena, porque ya lo sabía intuitivamente, de lo que me resuena por entrar en un estado paranoico, que es la forma en la que nos enseñaron a pensar críticamente. Es distinguir la intuición de la paranoia para movernos de ésta a la reparación.

“El conocimiento hace en lugar de simplemente ser”, según Sedgwick, ya una “epifanía sin chiste”, es una “rutina descubierta” (2003; 124). Pero como también lo señala, la fuerza de tales descubrimientos se ha desgastado por las practicas habituales de la teoría crítica (ídem). Las prácticas habituales de la teoría crítica son las que Paul Ricoeur denominó la “hermenéutica de la sospecha” para describir la posición de desconfianza ante algunas cuestiones analizadas por Marx, Nietzsche y Freud, pero que ahora, al aplicarlas de una forma compulsiva, se han convertido, más que en una alternativa, en un “mandato obligatorio” (ibíd., 124-125). Así, hemos aprendido que hacer una lectura paranoica de cualquier texto cultural, nos posiciona como personas críticas e inteligentes. Ver lo que falta es demostrar que pensamos de forma profunda.

Así, me dispongo a hacer una lectura paranoica de los memes que usan frases descontextualizadas sobreponiéndolas a fotografías que encuentran en internet.

Cristina de Middel

La fotografía es la de un perro parado de perfil. En las patas delanteras tiene puestas unas botas vaqueras grises, cuyas puntas flameantes, rojas y amarillas, son los filos de un machete. El filo es de metal. Atrás sólo hay plantas, colas de caballo. La fotografía es de Cristina de Middel y las botas son de Bárbara Sánchez Kane y las dos son mis amigas. Poco después de que la fotografía fuera publicada en Instagram, apareció un tipo de meme con la siguiente leyenda: “Exotizar a mi comunidad no es elevar a mi comunidad”. Esta frase la había tuiteado otra amiga mía, Lorena Vega. Cuando le pregunté qué significaba esa frase en esa imagen, me dijo que no sabía, que ella había usado la frase en otro contexto. De hecho, le había molestado que usaran esa frase, totalmente descontextualizada, para una imagen que no conocía. Entonces, públicamente preguntamos que a qué comunidad se refería y cómo la fotografía está exotizando y a quién. Aproveché también para preguntar sobre la frase escrita a pie de foto: “Prácticas extractivistas de ayer y de hoy.”

Una lectura paranoica nos enseña que todo lo que hace un artista “blanco” está mal y si toma como referencia una localidad donde no creció, peor. Y si creció en esa cultura, pero se encuentra en una posición de privilegio, del mismo modo está mal. La fórmula es fija, inamovible y no deja posibilidad de cuestionar. Si eres blanco, privilegiado, europeo o estadounidense, hagas lo que hagas será cuestionado como extractivista, te acusarán de apropiación cultural y de exotizar a la comunidad. No hay grises. Todo tu trabajo está definido por la percepción de tu color de piel y por tu estatus económico (lo mismo puede pasar a la inversa: si eres percibida como mujer, morena y queer o trans, también corres el riesgo de que lo que hagas sea celebrado como transgresivo y cuir).

Cristina de Middel y Bruno Morais, de la serie Excessocenus

Dejarse sorprender por un texto, por una pintura, por un video, por una fotografía, por una instalación, te da la oportunidad de experimentar alegría. Te da espacio para enojarte y reconciliarte. Para pelearte con el texto, la obra, la pintura, y dejarlo entrar en ti, que se quede y te acompañe. Es seguir a los toltecas y dialogar con tu corazón, es permitirse habitar una identidad fluida, que unas veces es blanco, y otras es blanca y mestiza al mismo tiempo, porque son inseparables. Es ser discriminada y privilegiada al mismo tiempo.

Sedgwick insiste en un movimiento de la paranoia a la reparación para “desenredar hipotéticamente la cuestión del valor de verdad de la cuestión del efecto performativo” (2003, 129). No es nada más decir que hacer una lectura paranoica es “delirante o que simplemente está mal,, es más bien señalar que no es la única forma de encontrar conocimiento o la única forma de saber la verdad. La paranoia “requiere que las malas noticias siempre se sepan” por tanto no admite la sorpresa (ibíd, 146). ¿Qué tiene que decir una hermenéutica de la sospecha y la exposición a las formaciones sociales en las que la visibilidad misma constituye gran parte de la violencia? (Sedgwick, 2003; 140). Nos lo preguntamos nosotras ahora que las redes sociales promueven aparentemente un cambio social, pero ¿a costa de qué?, ¿de promover violentamente una verdad que no es reflexiva, que es fija e inamovible?

Leer desde una posición reparativa es permitir que el saber se rinda y, por tanto, abrirse a experimentar sorpresa (Sedgwick, 2003, 146). La sorpresa no es siempre buena, puede ser terrorífica, sí, pero de esta manera damos espacio para “que el futuro pueda ser diferente del presente” (ídem). Para mí, ésta no es sólo una posición que renuncia al ego, sino que es también una oportunidad de abrirse a aprender y a equivocarse. En la lectura reparativa hay esperanza, sorpresa, alivio, descanso, consuelo, curiosidad y querer aprender. Sobre todo, hay lugar para fallar, y hacer de esto una experiencia poderosa (ídem). ¿No es mejor abrirse a los errores y aprender de ellos? De todas formas no aprendemos de los errores, si lo hiciéramos, todos los adultos seríamos más listos que los adolescentes, pero sabemos que no es el caso. Si aprendiéramos de los errores, no los repetiríamos. Entonces, ¿no es mejor saber que nos vamos a equivocar constantemente y estar abierto a este proceso de aprendizaje, y hasta hacerlo sexy?.

Miss Chief Eagle Testickle

Una lectura reparativa nos permite ver que la fotografía en cuestión, admite muchas lecturas, una de ellas permite leer algo similar a lo que hace uno de mis artistas favoritos en su trabajo, Kent Monkman. Él es cree, miembro de Fisher River Cree Nation y trabaja en Toronto, Canadá. Su trabajo explora la colonización, la sexualidad periférica, la pérdida y la resistencia. Miss Chief Eagle Testickle es su alter ego, un ser drag y queer que desafía el tiempo, y al hacerlo desafía la idea del salvaje noble, colonizado, hipermasculinizado, indígena. Miss Chief Eagle Testickle revierte la historia y la mirada colonial. Pero, ¿cómo lo hace? Me inspira porque no hay esencialismo. Sí, es cree, y revierte la mirada colonial, pero no tiene la verdad. Trabaja bajo la premisa de que todas, todos, todes somos productos de un híibrido cultural, somos productos de la cultura indígena y otras culturas. Monkman encarna en su trabajo lo que somos todes, y que José Esteban Muñoz, define como “el híbrido, sujetos fragmentados con identidades que atraviesan diferentes identificaciones de raza, sexualidad y género” (1999; 31).

Hace un año, mayo del 2020, Monkman se disculpó porque en su más reciente trabajo, Hanky Panky, las mujeres indígenas aparecen burlándose de un presunto abuso sexual a un personaje que pudiera ser el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Para Monkman mostrar a las mujeres indígenas riéndose implicaba agencia sobre su sexualidad y era una forma de señalar los problemas de sistema de (in)justicia canadiense en relación a la violencia contra las mujeres indígenas. Para Linsay Nixon, una curadora cree-metis-saulteaux, representar una violación frente a una comunidad matriarcal indígena, es una falta de respeto a las mujeres cree. El controversial trabajo de Monkman muestra cómo experimentar implica arriesgarse, y lo hace considerando lo que el curador Jonathan Katz celebra como transness, es decir, habitar una cultura híbrida2.

La obra de Miss Chief Eagle Testickle en cuestión

Claro que Sedgwick no está diciendo que sólo hagamos una lectura reparativa. Ella misma confiesa que mucho de su trabajo es paranoico. Y utiliza a Melanie Klein, para mostrar cómo la idea de “posición” es mucho más flexible y ayuda a moverse dentro de las prácticas críticas paranoicas y reparativas, “no sólo como ideologías teóricas sino como posturas relacionales cambiantes y heterogéneas” (2003, 128). Esta metodología, me ayuda a pensar en posiciones relacionales acerca del sujeto “blanco” o la güerita que compra en el mercado y que es al mismo tiempo morenita al salir a la calle, o en otro país3; la posición relacional que tiene el artista “blanco” que al mismo tiempo es discriminada por su género o su sexualidad; sobre quién tiene autoridad para contar historias a las que no pertenecen4. Pero sobre todo me lleva a hacer una lectura sabiendo que no hay una sola verdad, así como no hay una identidad ni metodología fija.

Para mí, que me considero una persona intuitiva, es una revelación saber que tengo que diferenciar mi intuición de mi paranoia para aprender. Una persona puede moverse entre la lectura reparativa y la paranoica, siendo consciente de la negatividad y la agresividad que se ejerce y que circula en esta última. Como también dice Sedgwick, “somos individuos capaces de hacer más daño del que podemos imaginarnos,” y somos responsables de ello. Dentro de la epistemología freudiana paranoica, como lo señala nuestra heroína, es imposible pensar que la verdad también sea alegre, es inconcebible de imaginar la alegría como defensora de la verdad. Por eso, moverme de Freud a los toltecas, implica tomar una posición que no fija pero que se mueve de la paranoia a la intuición, que habita la alegría como resistencia y que está en constante diálogo con el corazón.



[1] Todas las traducciones son mías.

[2] No en referencia a Kent Monkman, pero enfocándose en la cultura popular y el arte culto de México, Brasil y Argentina, es muy similar al argumento de García Canclini 1990.

[3] Para más información sobre pigmentocracia como metodología ver: Vargas Cervantes 2015, 2021. O el podcast sobre Racismo del MUAC aquí

[4] Ver la importante discusión de Coco Fusco sobre la obra de Dana Schutz