3 centímetros
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Desafortunadamente, en esta ocasión no puedo tomarme la molestia de contestar punto por punto un texto que contiene la frase “guardia pretoriana de estoicismo mal entendido”. Así que aclaro de antemano que esto no es una respuesta a El “sujeto que elige” y otras ficciones: crítica de arte, voluntarismo musculoso y el deseo de que nada cambie¹.
Aunque tengo que agradecer una cosa.
Hace más de un año empecé a usar Piolín Teórico para referirme a esas frases que contienen reflexiones bastante elementales pero que, después de pasar por una buena capa de vocabulario teórico, adquieren una apariencia de profundidad mucho mayor.
Ejemplo: “La experiencia compartida de la precariedad puede activar dispositivos de agenciamiento colectivo capaces de disputar las formas individualizadas del malestar.”
O sea, si el problema es compartido, podemos hacer algo juntas. Que tampoco es una graaan reflexión.
Sandra ahora me responde con Voluntarismo Musculoso.
Su término es menos chistoso y, además, reactivo al mío, mientras que Piolín Teórico²
lleva más de un año prestando servicios a la crítica de arte en México. Pero tampoco vamos a ponernos competitivas porque ya sé que competir está mal. No me regañen. Sí he hecho las lecturas 😇.
Quizá estoy completamente delulu, pero me dio gusto ver que en este texto la autora salió un poquito de su registro habitual. De pronto aparecieron el “menú del capitalismo”, la ideología convertida en “un perfumito que te pones”y el “coaching con bibliografía”.
Llevo un rato insistiendo en que podríamos ampliar las maneras en que escribimos y pensamos sobre arte. Si esta discusión hizo que alguien probara otros recursos para escribir crítica, me da gusto. Ese también era el punto³.
Pero dije que no iba a contestar ese texto.
Y no es por grosera. Es porque, a estas alturas, ya debería ser obvio que yo realmente no escribo para responderle a alguien en particular.
Escribo para las tres personas que quizá llevan un tiempo leyendo todo este tipo de discusiones y se preguntan:
¿De verdad esa es la única manera intelectualmente respetable de estar en el mundo del arte?
Antes de seguir, podemos ahorrarnos algunas objeciones. Claro que el deseo se construye socialmente. Claro que no existe un sujeto completamente libre que elige desde ningún lugar. Claro que nuestras posibilidades están condicionadas por nuestra clase, género, educación, redes y circunstancias.
Ya sé.
Fui a escuelas parecidas. He leído los mismos libros. He estado en los mismos seminarios. Por el amor de Dios: ¡tenemos el mismo internet!
No es ahí donde está mi desacuerdo. Mi desacuerdo empieza después: ¿qué hacemos con el margen de acción que sí tenemos?
Porque nuestras posibilidades están condicionadas. Nuestra agencia puede ser minúscula. Perfecto. Si tengo tres centímetros, quiero ver qué puedo hacer con esos tres centímetros.
Para alguien a quien ahora se le atribuyen una “filosofía de la adaptación” y “el deseo de que nada cambie”, llevo años haciendo las cosas que no encontraba en el mundo del arte. He organizado exposiciones de arte contemporáneo en un lugar bastante alejado de la mano de Dios llamado Tampico, Tamaulipas; fundé un medio que nació directamente en redes sociales cuando todo lo que había eran blogs y revistas; armé un club de coleccionistas… qué sé yo, he hecho mis cositas.
Otro círculo de lectura alrededor de una fogata para llegar a las mismas conclusiones de siempre ya estaba bastante bien cubierto por el mercado.
Ésa es la manera en que yo he elegido estar en el mundo del arte. Condicionada por mi sexo, raza, clase, género, talla de zapatos, colorimetría y signo zodiacal. En esos 3 centímetros que me quedaban, elegí hacer mi desmadrito.
No estoy diciendo “la que quiere, puede”⁴. Obviamente no.
Para todo el mundo sería mucho más conveniente que mi argumento fuera así de p*ndejo⁵. Se refuta en dos líneas y todas nos podemos ir temprano a casa.
Estoy defendiendo algo bastante más modesto: que después de reconocer todo aquello que nos condiciona todavía podemos preguntarnos qué hacemos con lo que queda.
Entiendo perfectamente por qué una manera de pensar tan atenta a todo aquello que condiciona nuestro margen de acción puede resultar reconfortante. Hay algo delicioso en una teoría que te acompaña en valer vrg⁶.
A mí me pasa exactamente lo contrario. Nunca jamás he terminado uno de esos textos ni visto ninguno de esos proyectos y he pensado: qué increíble dedicarme al arte, qué ganas de estar aquí, qué ganas de hacer cosas.
Me marchitan.
Me dejan más pequeña, más impotente, más pendiente de todo aquello que no puedo hacer⁸.
Si hay tres personas leyendo estas discusiones a las que les pasa lo mismo, para ellas escribo. Para que vean que fuera de esos repertorios hay toda una vida intelectual y profesional ocurriendo. Por si un día se aburren y quieren darse una vuelta por estos lados.
Notas:
¹ Sandra tituló su texto El “sujeto que elige” y otras ficciones: crítica de arte, voluntarismo musculoso y el deseo de que nada cambie.
El mío se llamaba Yo no choqué, me chocaron.
Sinceramente creo que con esta comparación debería quedar claro todo, pero bueno.
² Piolín Teórico tiene rizz. Voluntarismo Musculoso pide la palabra en el seminario.
³ Una vez más, todo está bajo control gracias a…
⁴Y algunas ni queriendo pueden.
⁵
Siempre me hacen eso, simplifican mis argumentos para que sea más fácil rebatirlos. Yo digo:
“Que algo pueda explicarse en cierta medida por estructuras sociales no agota necesariamente las razones por las que una persona actúa”.
Lo convierten en:
“Las estructuras no importan”.
⁶“Misery loves company”
⁷ Textos en los que cada elección nos devuelve a las estructuras que la hicieron posible, cada deseo a las condiciones que lo produjeron y cada posibilidad a los privilegios que permitieron imaginarla
⁸ Si a ti no te marchitan ese tipo de abordajes, excelente. Quedas oficialmente descartada como una de mis tres posibles lectoras.