ALTÉPETL: Sabino Guisu

ALTÉPETL: Sabino Guisu

Sabino Guisu es un artista oaxaqueño, originario de Juchitán. Su relación con el Istmo de Tehuantepec es quizá la influencia más grande sobre su obra.

En ALTÉPETL, una de sus obras más recientes, Guisu propone la crceación de un ritual contemporáneo a través de la cerámica, la obsidiana, el sonido y la participación del público.

En esta entrevista hablamos sobre su relación con su herencia cultural, la naturaleza como interlocutora y su interés por convertir sus obras en experiencias compartidas. 


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
Obras de Arte Comentadas: En tu obra está muy presente la herencia cultural del Istmo de Tehuantepec, de donde eres originario. Me parece que buscas incorporar elementos de esta tradición sin idealizarla, pero tampoco convertirla en algo exótico o distante. ¿Cómo encuentras un equilibrio entre estas dos formas de aproximarte a tu herencia cultural?

Sabino Guisu: Mi relación con el Istmo no parte de una investigación externa, sino de una experiencia vivida. Es el territorio donde nací, pero también una forma de percibir el mundo: la relación con la tierra, con la comunidad, con los ciclos naturales, con la muerte, la celebración y lo sagrado.

No intento representar esa cultura ni hablar en nombre de ella. Tampoco me interesa reproducir literalmente sus símbolos. Prefiero trabajar desde las estructuras profundas que dejó en mí: una sensibilidad hacia la materia, el fuego, la montaña, el ritual y la vida comunitaria.

El equilibrio aparece cuando dejo de pensar la herencia como una imagen fija del pasado y la comprendo como una fuerza viva que continúa transformándose. No quiero idealizarla ni convertirla en folclor. Me interesa permitir que dialogue con el presente, con otras tradiciones y con mi propia experiencia. Para mí, la identidad no es una vitrina que perpetúa  el pasado si no una materia en movimiento que habita el presente y crea el futuro Hoy.



ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu
ODAC: Con ALTÉPETL buscas “imaginar un ritual nuevo”. ¿Qué rituales identificas en el mundo contemporáneo? ¿Hay alguno que forme parte de tu propia vida cotidiana?

SG: Vivimos rodeados de rituales, aunque muchas veces no los reconocemos como tales. Revisar el teléfono al despertar, trasladarnos diariamente al trabajo, entrenar, reunirnos para escuchar música o compartir alimentos son acciones repetidas que organizan nuestra percepción y nuestra relación con el tiempo.

La diferencia es que muchos rituales contemporáneos están diseñados para captar nuestra atención, acelerar el deseo o volvernos consumidores. ALTÉPETL nace de la necesidad contraria: crear una situación que nos devuelva la capacidad de escuchar, de sentir , de estar presente. ¿Hace cuanto que no eres consciente del ritmo de tu respiración?

En mi vida cotidiana, trabajar con el fuego, preparar los materiales, entrar al estudio o permanecer en silencio antes de comenzar una obra tienen una dimensión ritual. No porque sigan una ceremonia religiosa, sino porque modifican mi estado interior y mi relación con la materia. Un ritual, para mí, es una acción consciente capaz de transformar la calidad de nuestra presencia.

ALTÉPETL imagina un ritual contemporáneo muy sencillo: personas desconocidas reunidas alrededor de un círculo de barro, piedra y sonido, sin dogmas ni jerarquías, compartiendo silencio, respiración y escucha.


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
ODAC: Siempre has trabajado la escultura, pero me llama la atención que en ALTÉPETL incorporas elementos como el sonido y la dimensión participativa. ¿Cómo comienzas a incorporar estos elementos en tu trabajo?

SG: Comencé a sentir que la escultura no tenía que terminar en los límites del objeto. También podía extenderse hacia el espacio, el tiempo y la percepción del cuerpo.

El sonido apareció como una materia escultórica invisible. Puede ocupar un espacio, modificar nuestra orientación, atravesar el cuerpo y alterar la percepción del tiempo. En ALTÉPETL la música no acompaña a las esculturas ni funciona como fondo: las activa y construye junto con ellas una arquitectura de escucha. La música es la escultura invisible y la cerámica, su cuerpo mineral.

La participación surge de esa misma expansión. El cuerpo del visitante, su respiración, su silencio y el tiempo que permanece dentro del círculo se integran a la composición. La obra deja entonces de ser solamente algo que se contempla desde afuera y se convierte en una situación que debe ser habitada.


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
ODAC: Aunque en esta obra predomina la participación del público, también son importantes las esculturas cerámicas que la componen: de hecho, me parecen obras que se sostienen de manera independiente. ¿Cómo piensas la relación entre objeto y experiencia?

SG: Las esculturas poseen autonomía. Cada monolito puede existir de manera independiente como una presencia,un volcán , una montaña arquetípica o una forma de conciencia mineral. Las piezas pequeñas también conservan su propia identidad: son presencias que evocan los espíritus del paisaje y la dimensión viva de la naturaleza,También transmiten inocencia , ternura y curiosidad .

Pero cuando todas las piezas se organizan en círculo, aparece otra obra. Surge una arquitectura que ya no depende solamente de los objetos, sino también de las distancias entre ellos, del vacío central, de la luz, del sonido y de los cuerpos que entran en el espacio.

Pienso esta relación como una tensión entre cuerpo y acontecimiento. El objeto concentra memoria, materia y forma; la experiencia lo activa y lo relaciona con el tiempo presente. Las esculturas pueden sostenerse solas, pero dentro de ALTÉPETL se convierten en partes de un organismo mayor.


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
ODAC: Mencionas también que dentro de esta pieza “el espectador deja de ser un observador”. ¿Por qué es importante para ti que las espectadoras tengan un papel activo, más allá de que su participación sea necesaria para completar la obra?

SG: Porque mirar desde afuera también puede convertirse en una forma de distancia. Me interesa crear una experiencia en la que la persona no solamente interprete una obra, sino que reconozca su propia percepción como parte del proceso creativo.

La participación en ALTÉPETL no significa necesariamente hacer algo. Puede consistir en permanecer, respirar, escuchar o guardar silencio. Es una participación sutil, pero profundamente activa, porque implica hacerse consciente del propio cuerpo, del tiempo y de la presencia de los demás.

Además, la forma circular elimina la posición privilegiada. No existe un frente ni un punto de vista correcto. Todas las personas participan del mismo centro. Para mí, esto también tiene una dimensión política y espiritual: la obra no se ofrece como una verdad que debe ser contemplada, sino como una experiencia compartida que cada persona completa desde su propia conciencia.


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
ODAC: En ALTÉPETL utilizas materiales extraídos de un cerro de obsidiana. ¿Qué características debe tener un material para que decidas trabajar con él?

SG: Me interesan los materiales que poseen memoria. No solamente una cualidad visual o física, sino una historia geológica, cultural y simbólica.

El barro conserva la memoria de la tierra, del agua, del fuego y del tiempo y nuestras manos , La obsidiana es materia volcánica transformada abruptamente; puede ser piedra, espejo, herramienta y superficie de reflexión. La magnetita introduce otra condición mineral y construye un paisaje oscuro alrededor de las cerámicas.

En ALTÉPETL, la obsidiana extraída del cerro no representa el territorio: es el territorio entrando físicamente en la obra. Esa diferencia es importante. No utilizo el material como decoración, sino como una presencia capaz de establecer relaciones y abrir significados.

Elijo un material cuando siento que tiene algo que decir y cuando su transformación puede formar parte del sentido de la obra. Más que imponerle una forma, intento escucharlo y descubrir qué posibilidades ya existen en él.


ALTÉPETL, 2025. Sabino Guisu.
ODAC: Hablas también de ver a la naturaleza no como objeto, sino como interlocutora. ¿Qué significa esto para ti y qué posibilidades encuentras en el arte para explorar esta relación?

SG: Significa reconocer que la naturaleza no es únicamente un conjunto de recursos disponibles para el ser humano. Es una realidad viva con la que mantenemos una relación de interdependencia.

Considerarla interlocutora no implica afirmar de manera literal que una montaña habla como nosotros. Significa aceptar que la tierra, los ríos, los árboles y los minerales poseen temporalidades, fuerzas y formas de existencia que pueden modificar nuestra conciencia. Para escuchar esa presencia es necesario abandonar, por un momento, la idea de que el ser humano ocupa el centro de todo.

El arte puede crear condiciones para recuperar esa escucha. No necesariamente explicando la naturaleza, sino permitiendo que la materia esté presente y actúe. En ALTÉPETL, el barro, la obsidiana, la magnetita, el sonido y los cuerpos humanos forman una misma arquitectura. Ningún elemento existe completamente aislado.

Esa relación abre la posibilidad de pasar de la contemplación del paisaje a una conciencia de pertenencia. Ya no estamos frente a la naturaleza: estamos dentro de ella. Y quizás reconocerlo sea una de las transformaciones más urgentes que el arte puede ayudarnos a imaginar .


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