Diario de otra semana del arte, día 2
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El día dos comenzó con un recorrido de prensa. Ahí estaban Ramón, Frida, Gaby y Feli. Siempre me da gusto verlas, son mi gente.
Encontrármelas es parte de las cosas que me gustan de hacer este trabajo. Una llega, las ve y piensa: qué bueno que están aquí.
Tengo la teoría de que prensa es el gremio mejor avenido del arte contemporáneo. Nos encontramos en exposiciones todo el tiempo, perseguimos a la misma gente y a veces hasta necesitamos exactamente la misma información, pero por alguna razón hemos conseguido no convertir eso en una guerra civil.
Quizá ayuda que nadie sueña desde niña con destruir a otra periodista cultural para quedarse con su lugar en una rueda de prensa.
Además somos más cool que las artistas. No desarrollaré este punto porque podría comprometer la objetividad de este diario.
La neta somos la hostia.
Llegué a las 10:59, cosa rara en mí. El recorrido comenzaba a las 11 en la galería Mariane Ibrahim. A las 11:03 todavía no empezábamos. Me puse fúrica, pero no lo denoté.
Me dije a mí misma: ¿ves para qué llegas temprano? ¡Perdiste tres minutos de tu vida!
Ya estaba haciendo berrinche interno. Qué p*nche perra hueva la gente que está de malas y por eso le arruina el día a las demás. En eso empezó el tour a las 11:05.

La exposición, muy buena. Era del uruguayo José Gamarra, que desde finales de los sesenta pinta unas selvas exuberantes donde la historia latinoamericana aparece como una sucesión de invasiones. Y hay helicópteros. Muchos helicópteros.
Es lo que hoy llamaríamos, a todas luces y con toda razón, arte decolonial.
No tengo nada en contra del arte decolonial. De hecho, tengo una amiga decolonial.
Ok, mal chiste. Pero ya hablando en serio: no odio el arte explícitamente político. Lo que odio es el arte mal hecho. Que una obra necesite que le injerten un discurso decolonial para obtener una validación institucional. El no permitir que las artistas toquen temas que no son “teóricamente serios”.
Gamarra no necesita esa operación. La conquista, la violencia, el territorio y la intervención extranjera están ahí, en la pintura. Una puede llamarlo decolonial o no llamarlo nada: la obra ya hizo el trabajo.

Me encantan los viajes en camioneta del arte. Tienen algo de excursión escolar. También hay una intimidad inevitable: estás metida con otras personas en un espacio pequeño y terminas escuchando cosas que nadie te estaba contando a ti.
Tú eres chismosa de las que cuentan. Yo soy chismosa de las que escuchan. No somos iguales.
No, no pasó nada escandaloso en esa camioneta. Nomás me acordé de algo que pienso mucho:
No me gusta el chisme. Claro que chacoteo con mis amigas, pero me refiero al que se cuenta para perjudicar a alguien, humillarla, generar bandos o joderle la reputación, también al mezquino placer de tener un pedazo de intimidad ajena entre las manos y sentir que ahora puedes disponer de él. Hay cosas que sabes y siguen sin pertenecerte.
Es absurdo que un gremio capaz de detectar una relación de poder a tres kilómetros siga encontrando tan normal usar la vida de las demás como material recreativo. Vamos cerrando el ortito.
Ya, ya, ya. Me estoy saliendo del tema. Volvamos al recorrido.
Llegamos a la galería Karen Huber. Ahí estaba Emmanuel, a quien saludé con mucho gusto. Hace poco hice 30 galerías en 30 días y tuve oportunidad de conversar más con las personas que llevan estos espacios. Yo ya les tenía aprecio por el simple hecho de dedicarse profesionalmente a vender arte; después de conocerlas un poco más, ese aprecio se triplicó.
Sinceramente, no quisiera hablar mucho de las obras en este diario. Eso es de amateurs. Una obra es apenas una parte de todo lo que hay que aprender a mirar en el arte.
Hay literatura maravillosa escrita sobre las obras y gente –poca, pero hay– que puede decir cosas extraordinarias sobre las piezas después de pasar una tarde viendo una exposición. Pero yo tengo acceso a otra cosa. Veo las relaciones, las conversaciones, las decisiones, quién mueve las obras de un lugar a otro y todo lo que sucede antes y después de que terminen colgadas en una pared. Sería un despropósito tener acceso a todo eso y volver a casa a contarles solamente si la exposición estaba buena.
Karen también estaba ahí en la galería. No en todas nos recibieron sus directoras, así que me pareció un gran detalle que ella lo hiciera.
Una vez, en un viaje a Monterrey, Juli me dijo: “¿Viste que Taiyana salió a saludar a la prensa? En otros museos no pasa”. Se refería a Taiyana Pimentel, directora del MARCO. Parece una cosa pequeña, pero no. Una directora tiene un equipo entero al que puede delegar la recepción de periodistas. No necesita estar ahí. Que decida salir, recibirte, dedicarte tiempo y hablar contigo dice algo sobre la importancia que le concede a la prensa y sobre la relación que quiere construir con ella.

Por eso importó que Karen Huber herself estuviera ahí. Nos habló más de las pinturas de Andrew Holmquist, de la residencia que hizo en nuestro país y de cómo algunos elementos de la Ciudad de México terminaron apareciendo en ellas. Por ejemplo, un disco de José José o un mural de Kit Kat de la colonia Del Valle.
Nos fuimos y llegamos a Nordenhake. Yo ya había visitado la expo el día anterior. La lectora interesada en Lagartijas Tiradas al Sol puede consultar la entrada anterior.
Última parada: Proyecto Paralelo.
He de confesar que no había ido a Proyecto Paralelo. ¡Qué oso! Una intenta llevar una vida consagrada al conocimiento y luego aparecen estas lagunas. Yo quisiera saberlo todo, francamente.
Hicimos fila para el elevador porque la galería está en un séptimo piso. Estaba tan desesperada por llegar que preferí subir por las escaleras antes que esperar.
Isa, la directora, nos presentó el espacio. En algún momento,dijo algo como que no le interesaba el arte decorativo, sino un arte que hiciera preguntas. Entiendo perfecto a qué se refiere y, viendo las obras, queda clarísimo. Tenían buenas piezas, por ejemplo de Joan Jonas y Robert Rauschenberg.
Sin embargo, el departamento lucía espectacular con ellas.
Me quedé pensando en esa división entre el arte con pensamiento crítico y el arte que decora. ¿Por qué asumimos tan fácilmente que son funciones contrarias? Una obra puede hacer preguntas bastante filosas y, mientras tanto, quedar increíble arriba de un sillón.

Anexo esta prueba de una obra de Ignasi Aballí que estaba, precisamente, sobre el sofá.
Le envié una foto de un Mathias Goeritz a un amigo coleccionista. Me dijo que no era para él. Agradecí su honestidad. Dime que no te gusta todo el arte que te envío, so I know it’s real. Pero es una buena pieza a buen precio, así que ya encontrará casa.

Isa también dijo que Proyecto Paralelo es un lugar para hangear y conversar de arte. Esto lo dice todo mundo y casi siempre es choro. Pero aquí fue neta.
Nos quedamos un rato platicando en uno de los cuartos de la casa. Alguien dijo que parecía el despacho de una abogada. Qué atm. Ahí estábamos jijiji jajajá, como mujeres con asuntos legales importantes pero hablando de arte.
Momento de irnos.
En la noche fui a la cena de Spieltzung, una galería de NYC que hace pop-ups y esta vez apareció en Casa Tabasco, en la colonia Juárez. Llegué tarde porque no sabía qué ponerme. Casi siempre sé qué ponerme, pero ese día no me había dado tiempo de peinarme –adjunto evidencia en la siguiente imagen– y, me pusiera lo que me pusiera, no me gustaba el resultado.

Pero ya saben, la regla del 2 de 3: peinado, outfit, maquillaje. Con que traigas resueltos dos de tres, ya te ves arreglada.
A mí me gusta llegar arreglada a todos lados. Soy feliz en mi trabajo. Me gusta ir a exposiciones, inauguraciones, cenas, ver arte, ver gente. ¿Por qué iría con el moco escurrido y lagañas a hacer algo que me encanta? Las amo, las respeto, quiero darles mi mejor versión.
Llegué tarde, pero todo mundo llegó tarde jajaja. La invitación decía: preview 6 pm, cena 8 pm.
—Es México, wey. Nadie va a llegar a las 6. Si dice que la cena es a las 8, a la expo van a llegar a las 7:30 —les explicaron Regina y Marisela a las galeristas, que en su mayoría eran francesas y estadounidenses.
Hice mi mayor esfuerzo por no decir “gringas”, dadas las posibles connotaciones negativas del término. Si tus amigas están trabajando con alguien, ten un poco de consideración.
Aunque a mí me gusta decir “gringas” de forma no despectiva. Está de hueva basar tu personalidad en odiar a USA. Yo jamás podría: nos dieron Buc-ee’s, el hip hop, las chanclas Yeezy y la mejor crítica de arte posible.
La expo era como una casita de juguetes macabros. También era arte de gente que parece que fácilmente podría desayunarse un Monster. De nuevo, no derogatory.
Me refiero a cierta sensibilidad monstruosa, cultura visual medio trash, internet, energía de tienda de skate. Virgilio también le dice a ese tipo de arte “europeo avanzado”. “Europeo avanzado” no describe la procedencia de las artistas. Aquí había de Noruega pero también de Oaxaca. Es una categoría espiritual, no geográfica. Puede ser una artista de San Bartolo Coyotepec y hacer arte “europeo avanzado”.
Antes de que se ofendan y se pongan decolonialas, déjenme me explico. Se siente “europeo avanzado” porque remite a una zona muy específica del arte contemporáneo: postinternet, grotesco, juguete industrial, diseño medio feo a propósito, cultura skate/gaming, materiales sintéticos, humor oscuro, objetos que parecen mercancía de una tienda que no existe. Tiene algo emergente, arriesgado, sofisticado y trash simultáneamente. Onda muy Berlín / Basilea / Bruselas / galería que tiene un nombre como Blue Velvet Projects, P/////AK, Ginny on Frederick, Valerie´s Factory, Something Something.
Las obras, geniales, aquí las fotos:


La cena fue muy amena. Compartir la mesa con gente a la que amo hace que todo esto valga la pena.

Marisela dijo que cada que se estresa en el trabajo recuerda que solo hace RP, que no está salvando al mundo.
Le dije que se equivoca. El RP de arte claro que está salvando al mundo. Al menos el mío. Todos los eventos a los que me ha invitado, han hecho mi vida mucho más placentera.
Me gustan las cenas donde mi nombre está impreso en una tarjetita sobre la mesa. Antes de que yo llegara, alguien tuvo que pensar en mí. Se tomaron la molestia. Yo encuentro cariño en todo. Ya les dije que soy una maldita máquina de amar.