“El ejercicio de la crítica, perspectivas contemporáneas”

“El ejercicio de la crítica, perspectivas contemporáneas”

Texto originalmente presentado el día 20 de noviembre en el Simposio Crítica de arte en América Latina: agentes, redes y teorías, en el panel “El ejercicio de la crítica, perspectivas contemporáneas”, organizado por el Museo Universitario de Arte Contemporáneo

Participantes del panel “El ejercicio de la crítica, perspectivas contemporáneas”, organizado por el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. De izquierda a derecha: Baby Solís, Javier Zugarazo, Danie Sepúlveda, Edgar Hernández y Jaime González (moderador).

¿Desde dónde se ejerce la crítica de arte hoy? Desde el mismo lugar que desde hace décadas: desde el heroísmo. Queremos que la crítica de arte sea honesta, valiente, incorruptible, que no tema señalar lo que nadie se atreve a decir, que defienda “la verdad” del arte frente al poder, el mercado o la corrección política. ¿Lo ven? Son los mismos atributos de un héroe.

Hay una expectativa casi heroica sobre la crítica: se supone que quien la ejerce escribe porque revela alguna verdad sobre las obras, porque su visión es indispensable, porque su deber es iluminar al público y desenmascarar lo “falso”: la obra de arte que en realidad es “problemática”, la artista que “ha sido inflada artificialmente por el circuito de ferias y galerías, sin que su obra realmente tenga peso conceptual”,  la Bienal que es un “simulacro de compromiso social” para hacer “art washing”. Todas estas afirmaciones parten de la misma idea: que quien hace crítica está descubriendo algo que otras no ven o no quieren ver.

Se construye como una figura que dice lo que “debe ser dicho” sin importar las consecuencias.

Esa exigencia de sacrificio, sin embargo, no se traduce en un reconocimiento equivalente. Se espera que quien hace crítica arriesgue su prestigio, sus relaciones, incluso su sustento, pero rara vez le ofrecemos alguna suerte de estabilidad o recompensa a cambio, más allá del peor de los pagos: el reconocimiento momentáneo de sus veleidosas colegas.

Participación de Baby Solís en "El ejercicio de la crítica: perspectivas contemporáneas"

¿Qué esperamos de la crítica de arte hoy? Que sea correctiva, que ponga a las obras en el lugar que merecen, aunque lo expresamos de forma más elegante, pidiendo que tenga un efecto autorregulador del campo: que la producción artística, la gestión institucional, el comportamiento de las coleccionistas o las políticas respondan—a favor o en contra— a un argumento reflexivo escrito.

¿No es este un tipo de fantasía de control? En 2016 Benjamin Buchloh proclamaba: “La crítica ha perdido totalmente su función. Los historiadores al menos enseñan, contribuyen a la construcción de la memoria histórica de los estudiantes. Un crítico, en cambio, está envuelto en el mercado, pero sin influencia so bre él. Puedo escribir diez artículos contra Jeff Koons y aún sería el artista mejor vendido”, a esto es lo que Iglesias responde.

A lo cual, el crítico argentino Claudio Iglesias respondió:: "Perder función" debería ser una buena noticia para todo lo que no sea una herramienta de carpintería, un empleo en vías de extinción o la pesadilla de una mente manipuladora. Me encantaría que la crítica de arte perdiera cada vez más su función, uso, propósito, hasta desnudarse como lo que es: un género literario, basado en el comentario de obras, que contribuye al esplendor de géneros mayores y que incluso en su humildad relativa ha logrado formarse sus propios clásicos, sus ritos y su columna de la infamia, Me animaría a decir que la proclama de Buchloh es errada, y la paradoja antes detallada no es tal, por dos razones. La primera es que nunca ha tenido la crítica tanta circulación como hoy en día, y la segunda es que esta misma multiplicación de la crítica al interior de la industria del arte es lo que impide que se forme la figura de un crítico manipulador, todopoderoso y malvado, capaz de arruinar carreras o levantarlas con sus artes nigrománticas, que es lo que Buchloh parece extrañar. Es extraño que sea desde una tradición izquierdista que tengamos que lamentar la muerte del gran crítico macho y bully que puede (o ya no puede) destruir a Jef Koons con un par de adjetivos, ganándole a todos los agentes del mercado que tratan de ensalzar a este polémico artista del siglo pasado.
El fin del bullying y la manipulación de la opinión pública deberían ser en todo caso una fiesta no menor que la presunta pérdida de función de la crítica, al menos si una cosa es sinónimo de la otra”.

Si no esperamos una crítica de arte heroica, sacrificial y abnegada, que busca descubrir la verdad, hablarle al poder y luchar contra toda suerte de males y vicios del sistema, anteponiendo estas causas al propio bienestar factual de quien la realiza. Y sino tenemos fantasías ni correctivas ni de control, de que sea la crítica quien dicte cuál es el justo peso de las obras y no sea la curaduría, ni el coleccionismo, ni el aplausómetro quien decida sobre esto, entonces, ¿qué queremos del ejercicio de la crítica hoy?

Antes de responder esta pregunta, quiero hablar de cómo ejerce la crítica mi plataforma, Obras de Arte Comentadas.

La crítica en ODAC se presenta de forma fragmentaria: como consumimos información hoy. Lejos de ser una traición al texto largo en prosa, responde a algo muy básico: a mí sí me importa que mis ideas lleguen más allá del pequeño circuito del arte, de las personas que tenemos el tiempo y la disposición de venir un jueves a las 4 pm hasta Ciudad Universitaria. Me interesa que el público realmente lea o escuche lo que se está discutiendo. Soy romántica si cura: el arte enriqueció profundamente mi mundo interior y quiero compartir eso con el mayor número posible de personas.

Yo sí creo en hablar para la contadora, la repostera, la dentista, la ingeniera, la cripto-sis: para la gente que ve redes a diario aunque no vaya a museos cada fin de semana. Para el público que no te hace ganar prestigio dentro del mundo institucional del arte.

Por eso presento la información así: fragmentada, disgregada por todas partes. Un reel promocional, luego un texto sobre alguna dinámica del sistema del arte; después la foto de una obra de  una artista que encontré en una exposición estudiantil en Puebla; y luego imágenes de un evento que, en apariencia, podría verse como algo social, pero que para mí es una forma de transparentar dinámicas que también mueven al mundo del arte y de las que no todas pueden participar. Ese es uno de los logros de mi plataforma: quitarle el misterio a ciertas cosas, hablarlas directo y mostrar cómo son o al menos como yo las veo.. Después de todo, la crítica heroica y mi plataforma quizás tienen algo en común: ambas quieren develar algo.

Algo que no todo el mundo ve —o no quiere ver—: detrás de un video de Instagram hay escritura. Mucha escritura. 700 páginas de Google docs escritas en dos años. Si en minuto y medio sientes que aprendiste algo, es porque antes hubo un guión escrito. Didáctica no es una mala palabra.

La educación también es parte central de mi trabajo, aunque en este sistema de heroísmos se piense equivocadamente que la crítica está por encima de la educación, que la curaduría está por encima de la gestión, y así sucesivamente.

Eso no quiere decir que no haga crítica en el sentido más tradicional: textos en prosa, de al menos mil palabras, donde emito juicios de valor. Pero creo que lo que he construido va más allá del debate de si se puede hacer crítica también en Instagram. Hay mucha gente que sí considera que mi plataforma propone un rol completamente nuevo dentro de la escena del arte.

Y también hay que decir algo obvio —tan obvio que hasta es absurdo que algunas colegas lo intente usar para desestimar mi trabajo—: no todo lo que hace mi plataforma es crítica de arte. En ella conviven muchos modos a la vez: publicidad de convocatorias, difusión de exposiciones, la conformación reciente de un club de coleccionistas.

¿La razón por la que conviven tantos modos? Muy sencilla: tengo que trabajar y pagar dos sueldos yo sola. Breaking news: el autoempleo es la realidad de quienes nos dedicamos al arte en México. Si haces crítica y eres de mi generación, estás más cerca de ser autoempleada que de ser la siguiente Raquel Tibol.

Así que si alguien quiere restarle entidad a mi plataforma diciendo que “es solo una nueva forma de trabajo”, felicidades: no entendió nada. Y sí, lo digo por alguien que está aquí en esta sala, aunque no en esta mesa. No son mejores quienes pueden dedicarse únicamente a la crítica. Solo son menos versátiles.

Ahora sí, respondiendo a la pregunta:

Hoy espero de la crítica algo muy sencillo: que exista como práctica interpretativa, como un ejercicio intelectual genuino. No busco que sea correctiva, iluminadora, ni que funcione como paladín de la justicia en el mundo del arte.

Que exista sin la coartada de ninguna ‘bella causa’, como decía el poeta argentino Osvaldo Lamborghini  y que haga lo que sabe hacer: leer, comentar, argumentar y pensar las obras, sin ninguna carga de ilusión o fantasía.

Eso espero, de manera seria. Pero si me permiten ser un poco más coloquial, un poco más relajada poco más yo: deseo que la crítica deje de ser tan mojigata, que la expresión “hija de puta” la entiendan no como una fobia, sino como la interjección  que es, que dejen de intentar escribir como intelectual francesa hablando con abstracciones sobre “lo real”, “lo político”, “el capital” y agregando el sufijo idad a cualquier cosas “indexicalidad” “criticalidad” y si en esas estamos y como la crítica de arte es una cuestión de estilo, también por favor ya no aniden frases subordinadas para que un argumento suene con una densidad teórica que no tiene.

Quiero que las críticas disfruten mientras están escribiendo sus textos.

Quiero una crítica que no promueva un pensar castrado  por la identificación imaginaria con las ‘causas nobles’, aquí he vuelto a citar a Osvaldo Lamborghini. Más sustancia, menos Piolines teóricos.

No quiero otra llamada telefónica para reclamarme por analizar la escritura ajena. La semana pasada me pasó: me marcó, justamente, la colega sobre la que escribí.

No quiero hablar de, desde, ante, para, bajo, hacia, por los afectos.

Me interesa que podamos apreciar la crítica como una práctica cognitiva y no solo como una práctica militante.

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