TODAS SOMOS KOONS
Share
Hay algo inquietante en mirar las primeras obras de Jeff Koons.
I Told You Once, I Told You Twice es de 1977. Koons tenía 22 años.

I Told You Once, I Told You Twice, 1977. Jeff Koons.
La vi y pensé:
¡No mms, yo conozco esta obra! La he visto este año. La vi en un espacio independiente. Hay animalitos, flores, cosas rosas, juguetes, adornitos, pequeños objetos cursis salidos de Fantasías Miguel colocados con absoluta seriedad.
Afinidades Secretas: Una ontología dual, 2025. Anita Bloshii y Melissa Flaum.
Jeff Koons a los 22 años se parece muchísimo al arte emergente de 2026.
Hay algo bastante siniestro en esta comparación:
sabemos qué le pasó después.
Se convirtió en Jeff Koons.
Koons no nació a los cuarenta y cinco años, perfectamente afeitado, trajeado, con corbata y esa sonrisa de hombre al que jamás le ha rebotado una tarjeta. Hubo un momento en que Jeff Koons todavía no parecía Jeff Koons.
Míralo.
Nadie sospecharía nada.
Es solo un artista emergente con un pandita inflable.
US-tificación, serie de 6, 2026. Jos SLM.
Si tuvieras veinte millones de dólares, ¿tu obra seguiría midiendo cuarenta centímetros?
Si pudieras fabricar cualquier cosa, ¿seguirías trabajando con objetos encontrados?
¿Seguirías explicando tu obra desde el bootleg?
Si cincuenta personas pudieran trabajar para ti, ¿qué les pedirías que hicieran?
No contestes tan rápido.
La niñez es un paréntesis de pérdidas y fantasías, 2026. Valeria De Carlo
Ahora cada vez que voy a una exposición tengo un problema.
Hay un conejito.
Ay, no.
Hay un peluche.
Dios mío.
Hay un pequeño objeto rosa cubierto de cuentas.
YA EMPEZÓ.
femAI_xina, 2025. Murakiit.
Quizá en este preciso momento hay una artista emergente cosiéndole una cuenta de plástico a un osito sin saber que dentro de cuarenta años QUINCE INGENIERAS ALEMANAS VAN A TENER QUE RESOLVER ESE OSITO.
Ella está tranquila.
No sabe que el osito puede crecer.
Que un día necesitará una fábrica. Que una galería tendrá que explicar por qué cuesta ocho millones de dólares. Que dos coleccionistas van a pelear por él en una subasta. Que habrá críticos que lleven treinta años odiándolo. Que alguien, inevitablemente, utilizará la palabra neoliberalismo.
Ella solamente le estaba cosiendo una cuenta.
De pronto vuelvo a mirar al Koons de 22 años.
Lo haría todo de nuevo otra vez, 2023. Conejito Payaso.
Un panda.
Un elefantito rosa.
Unos adornitos.
Nadie sospecharía nada.
Podría ser la chica de la feria.
Podrías ser tú.
Podría ser yo.
Quizá todos los conejitos precarios son bombas de tiempo.
Quizá estamos rodeadas de Koons.
Quizá Koons nos puede pasar a todas.
Dios quiera.
Exégesis
A partir de la obra temprana de Jeff Koons, el texto se aleja de las lecturas habituales centradas en el mercado y la espectacularización para pensar la contingencia de las trayectorias artísticas y el papel de las condiciones materiales de producción.
La comparación con el arte emergente actual no busca decir que estas artistas vienen de Koons, sino preguntarse cuánto de lo que hoy reconocemos como una estética propia podría cambiar si tuvieran acceso a más presupuesto, infraestructura y posibilidades de fabricación. Otras genealogías posibles, como las feministas o las vinculadas al craft, quedan deliberadamente fuera del análisis.