Gato por liebre: Entrevista con Licenciado Domínguez
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Aunque su nombre parezca indicar algo distinto, Licenciado Domínguez es artista. Inició su carrera dibujando en los confines de un cubículo de oficina, y hoy en día tiene un estudio propio desde el cual se dedica a su práctica de tiempo completo.
Platicamos con él sobre el humor y la circulación del arte en redes sociales. También nos compartió la historia de una misteriosa escultura de oro.
En su última exposición, Licenciado Domínguez regresa a las frases ácidas y el absurdas que siempre han caracterizado su trabajo, pero también presenta algo más: los bocetos, imágenes y referencias que habitan su obra mucho antes de que las ideas terminen de cuajar.
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Obras de Arte Comentadas: Tanto tu nombre de artista, como el título de esta expo Correr un maratón con tijeras comparten un sentido del humor muy particular que se extiende a tu obra. Cuando alguien se ríe frente a una de tus obras, ¿te gustaría que pasara algo después? ¿Te basta con haber provocado esa risa o esperas que encuentre algo más al seguir mirando?
Licenciado Domínguez: La verdad si me da gusto ver a la gente divertida e identificada con las obras, pero no es una razón primordial del uso del humor y el sarcasmo. Disfruto mucho hablando con la gente sobre las obras mientras las miramos. Tengo una fascinación por escuchar pensamientos o comentarios alrededor de las piezas. Creo que sí hay una intención fantasiosa de mi parte al dibujar o escribir, una intención de evitar segundas lecturas o incluso metáforas. Y digo que es fantasiosa porque es muy difícil evadir la metáfora y creer que lo que pienso o lo que me hace reír es transparente y claro. Pero es un intento divertido. Me gusta la idea de generar nuevos sentidos a partir del uso de símbolos reconocibles como parte de la evolución del lenguaje. Aunque no es un deseo latente, me gusta pensar que la gente se va permeando de nuevas posibilidades combinatorias. El otro día pensaba en lo mucho que me influyeron las caricaturas como El Coyote y el Correcaminos o el humor ácido de Adult Swim de Cartoon Network. Me parece fascinante el uso del absurdo con ese toque de surrealismo que parecía bobo pero en relidad era muy incisivo.

ODAC: ¿Cómo sabes cuando algo es chistoso? Yo tengo esa duda en varios de mis textos, a mí me dan mucha risa, sobre todos los recientes, pero siempre me pregunto si el público los recibirá igual, ¿te pasa lo mismo?
LD: Creo que para cada tipo de humor se van generando recursos narrativos que funcionan para desestabilizar y generar dudas. Hay un momento interesante en el que el espectador intenta comprender lo que está viendo, no sólo con mi obra sino en cualquier exposición. Y de esta manera me he dado cuenta que he generado un lenguaje conmigo mismo que provoca risa a través de contrastes. Puedes guiar la lectura de la imagen y encontrarte con algo que te toma por sorpresa y luego hace click. A pesar de que cada quien tiene un humor distinto creo que al utilizar el elemento sorpresa dentro de una narrativa, se produce esa confusión y una especie de remate. Tiene que ver con generar tensión y luego liberarla mediante algo ambiguo. Lo curioso es que no pienso de esa manera tan estructurada al trabajar, lo estoy pensando justo ahora respondiendo tu pregunta :)
Creo que es algo que aprendí a hacer desde la escuela. Siempre me gustó hacer reír a mis compañeros con mis dibujos. Fue mi canal de aceptación y validación en la infancia y adolescencia.

ODAC: En tu obra hay pinturas con frases y otras sin texto. ¿Cómo decides cuándo una imagen necesita palabras y cuándo puede funcionar por sí sola?
LD: Para mi el texto es la forma más eficiente de presentar algo obvio, aunque hay momentos en los que el texto le quita balance a imágenes que funcionan solitas. A pesar de que recurro mucho al uso de palabras, el sentido de la obra se produce a través de significados. Cuando encuentro una imagen que creo que no necesita texto me siento muy satisfecho.
ODAC: La primera línea del texto de sala de Correr un maratón con tijeras habla sobre el archivo: la acumulación como resultado de la incapacidad de tirar cosas a la basura. ¿Qué cosas acumulas y cómo se reflejan en tu trabajo?
LD: Es curioso que en mi vida personal no acumule casi nada. Tengo poca ropa, siempre compro la misma lista de supermercado, pocos muebles, pocos platos. Me gusta pensar que todo tiene una función específica. Peeeeeeero mi estudio, por otra parte, está lleno de chacharas: imágenes, basura, pedazos de pared, mil libretas, lápices, herramientas que nunca he usado, juguetes, cómics, libros, fotos familiares, juguetes pirata, cargadores de teléfono, identificaciones encontradas de gente desconocida, muestrarios de pintura, un archivero de dibujos que no visito mucho. Y mi computadora es peor. Son carpetas de imágenes, escritos con ideas muy vagas. Mi escritorio es un mar de archivos, recordatorios, etc. Mi teléfono también está lleno de fotos y screenshots, notas que viven ahí y a veces los reviso por diversión.

ODAC: Tienes formación como contador. Tu nombre, Lic. Domínguez hace referencia a esto. Quería preguntarte ¿cómo ha influido esa formación en tu carrera artística? ¿Hay aspectos de tu trabajo como contador que te hayan ayudado a navegar una práctica artística? ¿Qué pensabas de los artistas cuando eras contador y qué piensas ahora que eres uno?
LD: Creo que influye bastante en el ojo entrenado para detectar patrones (de manera obsesiva) y analizarlos (casi siempre de manera deficiente). Escrutinar las cosas desde la lógica es algo que disfruto y sufro al mismo tiempo.
La imagen de un artista funcional me intriga desde siempre. Antes había una construcción imaginaria de esa persona que supongo que estaba ligada a un cliché lleno de glamour pero personalmente batallo mucho con mi práctica, mi idea de trabajo, mi administración de tiempo y dinero y mis relaciones personales.
ODAC: Leí que comenzaste en el arte haciendo dibujos desde tu cubículo en la oficina. Hoy en día te dedicas al arte de tiempo completo. Me interesaba preguntarte por el espacio en el que trabajas: ¿tienes estudio propio? ¿Cómo cambió tu relación con tu trabajo cuando pudiste sacarlo de la oficina? ¿Cambiaron las cosas que estabas haciendo al ya no estar limitado al cubículo?
LD: Si, tengo un estudio que adoro. Paso mucho tiempo ahí y eso a veces es muy bueno pero se ha convertido en un espacio seguro del que me es difícil salir. El disponer de un espacio con materiales, libros e internet es un sueño que agradezco mucho.

ODAC: En piezas como el tenis de silla o el ventilador con machetes, el absurdo tiene un papel importante. ¿Cuál es la situación más absurda -por extraña o increíble– que te ha tocado vivir en el mundo del arte?
LD: Como artista me he involucrado poco con el mundo del arte. Pero los ejercicios de poder, el elitismo y los prejuicios empleados para mantener el estatus están muy cercanos a un guión de comedia. Aunque no sean absurdos como tal, tienen dinámicas dignas de cualquier show dominguero.
Hubo un tiempo que trabajé en producción para artistas, galerías y museos. Aprendí mucho de los submundos del ecosistema comercial y académico del arte. Una vez sufrí la desgracia de que a mi equipo se le cayera una pieza mal embalada cuya ficha técnica presumía una manufactura cara y una composición cubierta de oro. Al llevarla a reparar el técnico especialista me dijo que era níquel cromado y entintado. El mismísimo gato por liebre.
En otra ocasión salí con una chica artista a la que no le gustaba hablarme de su trabajo porque decía que le podía robar sus ideas. Me pareció gracioso y surreal.

ODAC: Tu trabajo puede circular como un meme en redes sociales y también exhibirse en una galería. ¿Qué lugar te gustaría ocupar en el mundo del arte? ¿Hay espacios donde te interesa que se vea tu obra y sientes que el humor puede complicarte la entrada?
LD: Esto puede ser un arma de doble filo. Por una parte el humor ha generado visibilidad para mi trabajo, pero siempre corre el riesgo de no ser tomado en serio. Disfruto mucho ver mi obra en internet en forma de contenido y ver la reacción en los comentarios. Y últimamente también disfruto mucho ver las piezas en espacios diseñados o adaptados para que la gente visite, camine y vea con más solemnidad o silencio y aún así haya risas o charlas más sueltas. Me fascina la idea de ver el absurdo potencializado por una sala enorme de museo.
ODAC: ¿Qué podemos ver en Correr un maratón con tijeras que no hayamos visto en exposiciones anteriores?
LD: Para esta exposición decidí abrir el archivero de imágenes hechas durante varios años que siempre pensé que mutarían a otra cosa, a algún proyecto más en forma. Ha sido un ejercicio muy ameno para mí ver esta colección de imágenes sueltas y muy cínicas dialogando con ideas más formales y más claras en el mismo espacio. Quise presentar una extensión de mis sketchbooks más personales y eso ha sido bonito.
