La mente del jinete: Entrevista con Camilo Huinca (Onlyjoke)

La mente del jinete: Entrevista con Camilo Huinca (Onlyjoke)

Camilo Huinca es un artista chileno que proviene del ámbito de la ilustración. Comenzó a pintar cuando advirtió que la inteligencia artificial empezaría a ocupar un lugar cada vez más cotidiano en nuestras vidas. Frente a ello, encontró un valor renovado en el error. Mientras que la ilustración mantiene una estrecha relación con la perfección y el control, la pintura le ofreció un espacio donde no existe el “control Z”. Esa pérdida de control le dio libertad: dejó de sentirse responsable únicamente de los resultados para disfrutar del proceso, algo que describe como profundamente sanador.

También encontró diferencias fundamentales entre la ilustración y el arte. Mientras la primera busca comunicar de manera clara y establecer un entendimiento compartido, el arte le permite habitar la ambigüedad y relacionarse con el espectador desde la emoción. Para Huinca, esa capacidad de proyectar sensibilidad, creatividad y errores es precisamente lo que distingue al ser humano en un momento marcado por el avance tecnológico.

La exposición surgió además de una residencia de un mes en Ciudad de México, un contexto que le permitió experimentar nuevos caminos sin la pulcritud habitual de una muestra preparada durante meses. El título La mente del jinete nace de un recuerdo de infancia en el campo del sur de Chile, donde montaba a caballo con sus primos. Para el artista, el caballo funciona como una metáfora del arte: una fuerza capaz de transportarlo a lugares extraordinarios, pero también de hacerlo caer. Entiende el arte como una bestia que puede conducirlo a paisajes maravillosos, pero que también puede generar sufrimiento y obligarlo a confrontar emociones complejas.

ODAC: ¿De qué fue la primera serie de pinturas que hiciste? Veo que el tema del jinete está presente en casi todo, como introspectivo, emocional...

CH: Creo que la primera exposición fue en el 2012 en Santiago y tenía que ver con cómo el ser humano lograba comunicarse a través de gestos simples, desde el minimalismo. Desde ese momento hasta ahora han pasado 13 ó 14 años y yo he cambiado mucho. Mi exposición en Barcelona fue sobre eso también, de poder mostrar a través de un gesto simple algo y que tú (o la espectadora) puedas reconocer con tu visión: animales, verduras, flores, objetos, qué se yo. Hoy día por primera vez tiene que ver con una reflexión personal que busca relacionarme con el observador desde un punto de vista más emocional, como lo son mis recuerdos. 

También tiene que ver que esto fue una residencia de un mes en Ciudad de México que me permitió explorar caminos nuevos, entonces no tiene la pulcritud que uno busca cuando prepara una exposición durante un año o seis meses. Tiene en realidad que ver con la búsqueda de un proceso y ver qué resultado te genera. Por eso hay resultados tan diferentes uno con otro, porque son parte de ese proceso de crecimiento. 

ODAC: ¿Planeas seguir con la ilustración?

CH: Sí. La ilustración es un es un es una especie de trabajo o hobby, es mi pasatiempo pero también es lo que hago. Existen varias disciplinas que, cuando uno es creativo, puede desarrollar para poder vivir tranquilo, siempre y cuando te hagan sentido. para mí la ilustración es uno de estos caminos que me permite explorar recuerdos y emociones. A veces trabajo con marcas que me contratan para poder comunicar lo que ellos buscan, entonces tanto el desarrollo de objeto, la ilustración, el branding, la dirección creativa y la pintura o el arte en sí son distintas disciplinas que surgen de las mismas emociones. Vienen de tratar de entender mi vida y entender lo que hago, entonces conviven generalmente. 

ODAC: ¿Cómo encontraste tu estilo? ¿Tanto tu pintura como tu ilustración tienen un estilo muy característico, aunque no necesariamente tienen mucho que ver entre sí. Creo que tus muebles y tus pinturas están más relacionados. 

CH: Sí, totalmente. La identidad como ilustrador la encontré cuando me comprometí conmigo mismo de muy pequeño –tal vez a los 23 años–y decidí buscar un estilo que me diferenciara a nivel global. Para eso me puse ciertos objetivos, y así logré entender rápidamente de qué estaba compuesto mi estilo: colores básicos, geometría pura, personas sin boca, porque lo que me interesaba eran los gestos más corporales...

ODAC: La línea negra...

CH: El outline, sí, el trazo. Todos esos parámetros me sirvieron como una herramienta para demostrar las cosas que a mí me comparecían bellas. Entonces en el fondo la ilustración es como una especie de técnica fotográfica que me sirve para fijarme en algo que me gusta y llevarlo a un ámbito digital y fácil de compartir. En cambio, cuando entro al mundo de lo análogo, ya no hay tanta voluntad de ser perfecto con lo que estoy mostrando, sino que quiero compartir lo que siento. Entonces en ese gap yo creo que es donde en realidad todavía no se relacionan mucho, porque figurativamente no son iguales pero lo las cosas que me sensibilizan sí. 

ODAC: ¿Qué diferencias encuentras en tu proceso cuando pintas y cuando haces ilustración?

CH: La pintura la hago con todo todo el cuerpo y la ilustración es con las manos, creo que eso podría ser. Es el mismo ejercicio, pero para pintar un cuadro necesito mover todo el cuerpo (y para qué decir con las sillas, con la escultura), necesito estar concentrado en la herramienta de trabajo. En cambio la ilustración es más el detalle fino de de los dedos. Pero la sensación emocional es la misma. 

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