La mente del jinete: Entrevista con Camilo Huinca (Onlyjoke)

La mente del jinete: Entrevista con Camilo Huinca (Onlyjoke)

Camilo Huinca es un artista chileno que proviene del ámbito de la ilustración. Comenzó a pintar cuando advirtió que la inteligencia artificial empezaría a ocupar un lugar cada vez más cotidiano en nuestras vidas. Frente a ello, encontró un valor renovado en el error. Mientras que la ilustración mantiene una estrecha relación con la perfección y el control, la pintura le ofreció un espacio donde no existe el “control Z”. Esa pérdida de control le dio libertad: dejó de sentirse responsable únicamente de los resultados para disfrutar del proceso, algo que describe como profundamente sanador.

También encontró diferencias fundamentales entre la ilustración y el arte. Mientras la primera busca comunicar de manera clara y establecer un entendimiento compartido, el arte le permite habitar la ambigüedad y relacionarse con el espectador desde la emoción. Para Huinca, esa capacidad de proyectar sensibilidad, creatividad y errores es precisamente lo que distingue al ser humano en un momento marcado por el avance tecnológico.

La exposición surgió además de una residencia de un mes en Ciudad de México, un contexto que le permitió experimentar nuevos caminos sin la pulcritud habitual de una muestra preparada durante meses. El título La mente del jinete nace de un recuerdo de infancia en el campo del sur de Chile, donde montaba a caballo con sus primos. Para el artista, el caballo funciona como una metáfora del arte: una fuerza capaz de transportarlo a lugares extraordinarios, pero también de hacerlo caer. Entiende el arte como una bestia que puede conducirlo a paisajes maravillosos, pero que también puede generar sufrimiento y obligarlo a confrontar emociones complejas.

ODAC:  Onlyjoke nació para que tu trabajo circulara sin el peso del apellido Huinca. Pero hoy lo indígena tiene una visibilidad muy distinta, hasta favorable en ciertos circuitos. ¿Cambiaría algo esa decisión si la tomaras hoy?

Creo que las cosas que hacemos nos entregan experiencia. Mi vida bajo el seudónimo de Onlyjoke ha tenido muchos aciertos, es un nombre que me ha abierto fronteras y es fácil de recordar, eso es importante. Creo que eso me ha dado la ventana que necesitaba para presentar mi proceso personal y mi nombre original. Creo que la gente que sigue mi trabajo se ha dado cuenta de las evoluciones que he ido teniendo y el proceso más personal y sensible se refleja mucho mejor en mi nueva etapa. Mi nombre describe eso también, es menos global, mucho más íntimo y local.

ODAC: ¿De qué fue la primera serie de pinturas que hiciste? Veo que el tema del jinete está presente en casi todo, como introspectivo, emocional...

CH: Creo que la primera exposición fue en el 2012 en Santiago y tenía que ver con cómo el ser humano lograba comunicarse a través de gestos simples, desde el minimalismo. Desde ese momento hasta ahora han pasado 13 ó 14 años y yo he cambiado mucho. Mi exposición en Barcelona fue sobre eso también, de poder mostrar a través de un gesto simple algo y que tú (o la espectadora) puedas reconocer con tu visión: animales, verduras, flores, objetos, qué se yo. Hoy día por primera vez tiene que ver con una reflexión personal que busca relacionarme con el observador desde un punto de vista más emocional, como lo son mis recuerdos. 

También tiene que ver que esto fue una residencia de un mes en Ciudad de México que me permitió explorar caminos nuevos, entonces no tiene la pulcritud que uno busca cuando prepara una exposición durante un año o seis meses. Tiene en realidad que ver con la búsqueda de un proceso y ver qué resultado te genera. Por eso hay resultados tan diferentes uno con otro, porque son parte de ese proceso de crecimiento. 

ODAC: ¿Planeas seguir con la ilustración?

CH: Sí. La ilustración es un es un es una especie de trabajo o hobby, es mi pasatiempo pero también es lo que hago. Existen varias disciplinas que, cuando uno es creativo, puede desarrollar para poder vivir tranquilo, siempre y cuando te hagan sentido. para mí la ilustración es uno de estos caminos que me permite explorar recuerdos y emociones. A veces trabajo con marcas que me contratan para poder comunicar lo que ellos buscan, entonces tanto el desarrollo de objeto, la ilustración, el branding, la dirección creativa y la pintura o el arte en sí son distintas disciplinas que surgen de las mismas emociones. Vienen de tratar de entender mi vida y entender lo que hago, entonces conviven generalmente. 

ODAC: Tu trabajo ha vivido en colaboraciones comerciales, muralismo, objetos, ferias de arte contemporáneo, galerías. ¿Tienes una jerarquía interna entre esos contextos?

C.H.: Creo que he perseguido persistentemente mi instinto y mi curiosidad. Dentro de la gama de proyectos y cosas a las que dedico mi tiempo, la conexión con los demás es lo que más aprecio. Siento que todas las disciplinas del arte y la creatividad me han llevado a aprender mucho de procesos y maneras de entender el mundo. Siempre me llevo algo de eso. Creo que cada unidad del quehacer humano conforma un ser completo, en mi caso es un trabajo en proceso.

ODAC: ¿Cómo encontraste tu estilo? ¿Tanto tu pintura como tu ilustración tienen un estilo muy característico, aunque no necesariamente tienen mucho que ver entre sí. Creo que tus muebles y tus pinturas están más relacionados. 

CH: Sí, totalmente. La identidad como ilustrador la encontré cuando me comprometí conmigo mismo de muy pequeño –tal vez a los 23 años–y decidí buscar un estilo que me diferenciara a nivel global. Para eso me puse ciertos objetivos, y así logré entender rápidamente de qué estaba compuesto mi estilo: colores básicos, geometría pura, personas sin boca, porque lo que me interesaba eran los gestos más corporales...

Para mí ha sido fundamental en mi carrera tratar de distanciarme del resto de artistas y/o diseñadores. Mi manera de trabajar describe un proceso personal y creo fuertemente que la identidad en la obra de un artista habla de su coraje, rebeldía y disciplina. Todas las personas somos diferentes, en miles de aspectos. Para mí es fundamental describir eso en tu obra. Dejar de lado los referentes y perseguir el instinto personal.

Todos esos parámetros me sirvieron como una herramienta para demostrar las cosas que a mí me comparecían bellas. Entonces en el fondo la ilustración es como una especie de técnica fotográfica que me sirve para fijarme en algo que me gusta y llevarlo a un ámbito digital y fácil de compartir. En cambio, cuando entro al mundo de lo análogo, ya no hay tanta voluntad de ser perfecto con lo que estoy mostrando, sino que quiero compartir lo que siento. Entonces en ese gap yo creo que es donde en realidad todavía no se relacionan mucho, porque figurativamente no son iguales pero las cosas que me sensibilizan, sí. 

ODAC: He visto en tu Instagram algunos videos del proceso detrás de tus sillas. Quería preguntarte sobre eso: sé que la madera puede ser un material caprichoso, entonces ¿qué tanto del producto final que vemos es planeado y qué tanto espacio dejas para resolver cosas sobre la marcha?

C.H.: Me gusta investigar las características principales de las materias primas con las que trabajo, pero luego, en el taller, me gusta pensar que tiene más que ver con la improvisación y cómo mis recuerdos, cosas que me han inspirado, la lógica y el ingenio se van mostrando. Lo siento muy parecido a la música, en particular el jazz, un proceso completo de improvisación y experiencia.

ODAC: ¿Qué diferencias encuentras en tu proceso cuando pintas y cuando haces ilustración?

CH: La pintura la hago con todo todo el cuerpo y la ilustración es con las manos, creo que eso podría ser. Es el mismo ejercicio, pero para pintar un cuadro necesito mover todo el cuerpo (y para qué decir con las sillas, con la escultura), necesito estar concentrado en la herramienta de trabajo. En cambio la ilustración es más el detalle fino de de los dedos. Pero la sensación emocional es la misma. 

ODAC: Dices que tu abuelo carpintero te enseñó a entender la creatividad desde lo manual. ¿Cómo convive eso con una práctica que también circula muchísimo en pantallas y en lo digital?

C.H.: Mi abuelo, obrero y trabajador, me enseñó a trabajar y entender la forma en que el ser humano tiene la posibilidad de construir, armar y reparar objetos, herramientas; un hogar. Esa base ha sido una guía segura en todos los ámbitos de mi carrera, siempre he entendido la creatividad como un argumento que se materializa a través de las manos. La parte digital de mi trabajo siempre ha sido un recurso para resolver problemas o la presentación de una idea; nunca el proceso en sí. Creo que la parte análoga de los proyectos creativos es donde reside la identidad. En los errores.

Eres de Chile, estás exponiendo en México y vives entre Latinoamérica y Europa. ¿Qué diferencias encuentras entre los mundos del diseño y el arte de cada uno de estos lugares? ¿Tu trabajo mismo es recibido de manera diferente dependiendo del entorno?

C.H.: Absolutamente, son contextos diferentes. Chile es un refugio para mí. Geográficamente es un país aislado, casi como una isla al final del sur. Eso genera una identidad local muy profunda. No es un lugar a la vanguardia de los procesos productivos, no llegan los primeros lanzamientos ni las últimas tendencias, creo que eso le da a ese rincón del mundo una cualidad bastante particular que estimula mucho el ingenio para resolver con las herramientas presentes. Creo que eso le ha dado un impulso creativo y personal a mi trabajo que, en otras partes del mundo, se valora mucho. México en particular evalúa de muy buena manera el uso del color. Algo que identifica radicalmente mi trabajo.

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