La virtud de las haraganas

La virtud de las haraganas

Hay una nueva especie de virtuosas que ha brotado en esta ciudad de espejos: las que no suben reels. Se pasean con la conciencia limpia de quien ha resistido una tentación que nadie le ofreció, y esperan que se les erija una estatua por no haber hecho contenido frente a una cámara.

 Muy bien, señoritas. Han vencido al algoritmo. Han salvado su dignidad de las garras del video vertical. Felicidades.

Ahora díganme: ¿Tienen con qué pagar el alquiler sin que la familia se desangre por ustedes? ¿Tienen un oficio, una amistad que no sea de conveniencia? ¿Han levantado algo que no sea su propia superioridad moral?

Ser cool y detached es el nuevo querer que te aplaudan por dentro.

La pureza de no hacer nada es la más barata de las virtudes. Cualquier haragana la tiene. El verdadero logro no es para gente prudente: es construirse algo propio en este mundo de miserables. Lo demás es inseguridad disfrazada de recato.

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