Ovarios / Lucha de clases imaginaria [1]
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A quienes han seguido este intercambio[2]:
Me da gusto que Daniel Aguilar documente el alcance de mi escritura. Según él, mi respuesta a su participación en el coloquio del MUAC "desempolvó" su carrera y le consiguió una exposición en Guadalajara.
Aunque todo eso lo dice de forma burlona—la sorna y el menosprecio son el refugio de los coyones—son hechos verificables. Las consecuencias fueron reales. Respondió con 10 cuartillas a mis 3. Pero bueno, a quien se le "movió el tapete" fue a mí. Claro...
De esas 10 páginas dedicó:
∗ 2 a especular sobre quién me mandó (FEMSA, Édgar, "mi naturaleza de guardaespaldas". El mismo que se queja del borramiento de mujeres me construye a mí sin agencia intelectual).
∗ 3 a cuestionar mi trabajo con Kaluz/Orbia.
∗ 2 a explicarme por qué debería haber escrito sobre Mónica Mayer, Adán Lerma o Magali Lara en lugar de él.
∗ 1 a construirme como personaje a la Kevin Costner y a ofrecerme "mallitas de Robin Hood" (¿neta?).
∗ El resto a justificar sus decisiones y a enumerar sus proyectos.
Todo ello, sin duda, entretenido. Pero la pregunta permanece sin respuesta: ¿Por qué participar en la Bienal FEMSA y luego criticarla públicamente te da más legitimidad que simplemente no participar?
Negarme agencia intelectual y convertirme en personaje conspirativo no me desautoriza, revela incapacidad de responder al punto. Eso siendo estrictamente profesional. Si se me permite descender a su juego: también revela su pequeñez.
Sobre mis motivaciones
La especulación sobre quién me “mandó” a escribir pretende ser condescendiente conmigo, pero en realidad habla de él. De alguien tan acostumbrado a circular sólo dentro de su propio microcircuito que le resulta inconcebible que una voz con alcance real se detenga a analizar lo que hace.
Esa sorpresa disfrazada de burla, dice mucho. Si de verdad se estuvieran “poniendo las instituciones patas arriba” con acciones como las suyas, no les parecería tan imposible que alguien fuera de su entorno lxs escuche y lxs discuta.
Yo nunca me pregunto por qué escriben sobre mi trabajo. Doy por hecho que vale la pena hacerlo. No escribo sobre Aguilar, sino sobre el mecanismo que su carta ilustra con claridad. No escribo para personas específicas. Escribo porque eso es parte de mi trabajo, analizar el campo del arte profesionalmente.
Sobre el Museo Kaluz
El intento de exhibirme falla porque no hay nada que ocultar. He colaborado con esa institución. No experimento conflicto al respecto. No construyo narrativas de "transversión" o "resistencia anticapitalista" para justificar mis decisiones profesionales. Soy transparente sobre mi ubicación en el sistema.
¿Que si me da "cosita" el dinero de Kaluz? No.
¿Le dará cosita a Aguilar el dinero de BBVA, que según el Centre Delàs d'Estudis per la Pau financió 1.558 millones de dólares a empresas que proveen armamento a Israel?
¿O del gobierno holandés, que produce componentes F-35 para bombardear Gaza y rechaza reconocer el Estado palestino, como ha reportado ampliamente Al Jazeera?[3]
Aparentemente no. Porque tiene una narrativa de "transversión anticapitalista."
La diferencia no radica en la pureza de las fuentes—evidentemente, ambxs participamos en estructuras capitalistas—sino en la narrativa que se construye alrededor.
Aguilar "transversiona". Yo no digo mam*das.[4]
Mi observación original se sostiene: la autocrítica performática funciona como blindaje.
Permite participar del sistema que supuestamente se repudia mientras se obtiene capital simbólico por criticarlo públicamente.
Libre de oportunistas
Un punto particularmente bajo en este texto lleno de artería es el momento en el que aparece la causa palestina. El autor pregunta si me sentí aludida cuando habló de sionismo y arte contemporáneo.
La respuesta es no. No opero desde ese registro ni uso conflictos geopolíticos como capital simbólico.
Palestina libre. Libre de oportunistas que usan el sufrimiento real de un pueblo para intentar golpear desde un lugar incuestionable en disputas personales.
“¿Le aceptarías al Mencho una comisión para promocionar los varios retratos que seguramente le han pintado?” es probablemente la pregunta más forzada y nadaquerivienta publicada en la historia de Cubo Blanco.
Esa comparación no es un argumento, es una caricatura. Mezclar una institución cultural con un narcotraficante es innecesario, solo busca forzar un escándalo donde no lo hay.
Esa pregunta distorsiona mi posición. No acepto "cualquier cosa por dinero." Trabajo en el campo del arte sin dramatizar esa ubicación. Tengo criterios dentro del marco legal e institucional.
Sobre vincular financiamiento con violencia real: Aguilar es el último que debería señalar. Aceptó dinero de BBVA (1.558 millones a empresas que arman a Israel) y del gobierno holandés (que produce F-35 para bombardear Gaza).
Cuando son sus becas, hay narrativa que lo justifica. Cuando es mi trabajo, equivale a corrupción. Aguilar menciona el “banquito solidario” y sugiere que investigue cómo funciona. Pero coleccionistas del grupo que yo lidero ya han hecho aportaciones a su banquito, a través de compras en la subasta del Castillo de Chapultepec. Volvemos al punto: cuando yo tengo vínculos con coleccionistas, hay algo cuestionable; cuando él recibe ese mismo dinero, es “solidario”.
Más allá de esos absurdos, el texto insiste en dirigirse a mí de forma directa, creando una falsa intimidad que desplaza el debate del plano analítico al personal. No viene al caso la relación parasocial que intenta construir.
No lo haga, compa
Este texto idealmente habría pertenecido a la plataforma Cubo Blanco, donde inicié la discusión. Me informaron, sin embargo, que era preferible darle espacio a otros textos que aún no se habían publicado. Es un criterio editorial entendible, no un acto de mala fe, pero considero importante mencionarlo porque ahí sería donde mi respuesta tendría más sentido.
Daniel publicó su carta inicial en Cubo Blanco; no es hasta que mi réplica aparece que se enciende la discusión. María Minera también escribió, pero su postura es similar a la de Daniel, por lo que en realidad no existía debate alguno. La discrepancia, palabra tan fetiche en el arte contemporáneo, en realidad fue introducida por mí.[5]
Para otrxs artistxs que consideran que generar controversia conmigo es una vía eficaz para ganar visibilidad, una precisión: no respondo a polémicas, respondo a problemas analíticamente interesantes. No toda provocación produce pensamiento.
Si el objetivo es profesional, hay caminos más directos y sostenibles. En ODAC ofrecemos cursos, asesorías y otros servicios especializados orientados precisamente a eso. Pueden escribirnos aquí. El caso de Aguilar demuestra nuestra efectividad.
A la comunidad cultural que leyó estos intercambios únicamente como un “argüende”, no la juzgo. Cada quien piensa —y entiende— hasta donde su estrecho marco se lo permite.
Los textos de Minera y Aguilar circularon ampliamente no por responder a mis argumentos, porque no lo hacen, sino en tanto espectáculo. Parte del campo los recibió esperando humillación, no discusión.
Esa recepción revela dinámicas persistentes del medio: preferencia por el chisme sobre el análisis, por el show sobre el debate intelectual. Todo esto debería ser inaceptable en un campo que se llena la boca hablando de justicia social y buenas intenciones. También expone algo más incómodo[6]: el deseo de ver caer a una mujer con incidencia real en el campo[7], figura que provoca admiración y fricción a partes iguales.
Esa mezquindad no me concierne; yo escribo desde otro plano y para otrxs lectorxs.
✹
[1] El título de este texto alude a la canción Ovarios de Jenni Rivera. Favor de buscarla si no la han escuchado “Todos publican mi nombre. Muchos con malas noticias. Ya no hallan cómo quemarme. Mientras me muero de risa." "Lucha de clases en la imaginación” es algo que textualmente escribe Aguilar aquí.
[2] Textos parte de este intercambio: Carta al Daniel del 2024 de Daniel Aguilar; La autocrítica como blindaje de Baby Solís; La señora protesta demasiado, yo pienso de María Minera; Ponerle un palo a la rueda de Baby Solís; Blindado el carro de Daniel Aguiar
Pequeño detalle: Todos mis textos tienen títulos propios, no respuestas a otros. Los de Minera y Aguilar son réplicas a los míos. La diferencia entre proponer temas y reaccionar a ellos es clara :D. Incluso que Daniel haya seguido el formato de mi primer texto de comenzar citando un corrido, habla de quién en realidad puso las condiciones del debate.
[3] Las becas de Aguilar coinciden con estos hechos: BBVA (2014-2016) durante la Operación Margen Protector que dejó 2,205 muertes palestinas. BBVA no solo financió la beca de Aguilar, sino también a empresas que proveen armamento a Israel. La Rijksakademie (2020-2022), financiada por el gobierno holandés cuyo puerto Rotterdam facilita componentes F-35 para bombardear Gaza. Aguilar me cuestiona por dos pláticas en Kaluz (vinculado según Albanese con ocupación israelí), por lo cual se me ha acusado de complicidad con genocidio. Él recibió becas de quienes literal proveen armas, pero tenía narrativa de "transversión." Terrible escribir esto en un texto sobre arte; ante la saña del texto disque bromista de Aguilar, tuve que traerlo.
[4] Utilizo estra frase porque es parte de un corrido y continúa con la referencia que introduje en este otro texto. Si buscamos una forma más elegante de decirlo es: Daniel “transversiona”. Yo asumo mis decisiones.
[5] Aguilar cierra agradeciendo a varias personas, entre ellas María Minera (quien también escribió contra mi postura) y Gustavo A. Cruz Cerna (corrector de estilo de Cubo Blanco, quien también ha editado mis textos). Una forma de leer esto sin mala fe es que quiere resaltar el esfuerzo colectivo. Yo prefiero verlo así. Sin embargo, quien sea más suspicaz que yo podría pensar que Aguilar inadvertidamente expone a colaboradorxs de la plataforma que lo publica a otras lecturas: dinámica montonera y posible conflicto de intereses. Algo que sin duda sería interesante discutir como gremio, más allá de rencillas personales
[6] En realidad quería decir nefasto en lugar de incómodo. Pero de nuevo, “incomodidad” es otra palabra fetiche en el arte, a veces tengo que hablar en ese lingo para conectar con la audiencia.
[7] Kudos a mí misma por no volver todo esto solo una cuestión de género. Podría haber explotado ese recurso pero me parece que con mi sola argumentación bien fundamentada puedo dejar claros mis puntos. Además me pareció penoso cuando Aguilar interna acusarme de borramiento e invisibilización de otras mujeres –cuando en mi plataforma literal he publicado repetidas veces el trabajo de la mayoría de las mujeres que menciona y solo de forma reactiva o en el contexto de querer ganar una batalla, ja– así que no quise seguir en esa línea. Además, todo mi texto está libre de ad hominems o caricaturas, repito que eso no es necesario cuando tienes ideas sólidas.