RAGEBAIT  o el milagro de la escritura

RAGEBAIT o el milagro de la escritura

Las acusaciones de ragebait a cualquier escritura enfática me parecen una p*ndejada.

Escribir con vehemencia no es ragebait. Tener opiniones fuertes no es ragebait. Ser tajante no es ragebait. Exagerar no es ragebait. Incomodar no es ragebait. Hacer enojar a alguien no es ragebait. Provocar tampoco es necesariamente ragebait. Tómate un segundo para digerir eso.

A ver. Aquí sí voy a ponerme insoportablemente seria durante treinta segundos porque, desafortunadamente para todas, esto entra directamente en mi especialidad: cómo interpretamos las obras.

Una obra puede incomodar sin ser una provocación. Puede incomodarte porque toca un tema doloroso, contradice tus valores, utiliza una forma que te resulta desagradable o simplemente porque dice algo con lo que estás profundamente en desacuerdo.

Lo que una obra te hace sentir no explica automáticamente por qué fue hecha de esa manera.

Pensemos en una frase como:

“La empatía no es una obligación de la literatura.”

Es contundente. Contradice una expectativa bastante extendida. Puede molestar muchísimo. Y puede no ser una provocación en absoluto.

Puede ser simplemente una tesis. Una idea que alguien sostiene, escribe y desarrolla porque cree que es cierta. Que, dicho sea de paso, es el caso de mi escritura: no busco provocar; busco expresar lo que pienso.

Ese salto —me incomodó, por lo tanto buscaba incomodarme; me enojó, por lo tanto buscaba hacerme enojar; me provocó, por lo tanto era una provocaciónconfunde lo que te pasó al leer un texto con las razones por las que alguien lo escribió.

Una provocación sí implica una intención de provocar (duh): desafiar una convención, poner a prueba una idea, contrariar, escandalizar, tensar una discusión. Provocar no significa necesariamente querer producir enojo.

Tenemos siglos de sátiras, polémicas, manifiestos y otras formas de escritura que han utilizado la provocación, el escándalo y hasta la ira para discutir ideas. Pueden incomodarte, irritarte o enfurecerte y seguir teniendo una idea que defender, una convención que cuestionar, algo que decir.

Un texto polémico, satírico, invectivo o una escritura confrontativa puede decir: “quiero que esto te incomode porque quiero que pienses en X”.

El ragebait dice: “quiero que esto te encabrone porque cuando te encabronas comentas”.

Leer toda escritura controversial en términos de ragebait nos quita categorías de análisis.

Una sátira, una polémica, una invectiva, un manifiesto, una provocación, una tesis incómoda: todo termina reducido a una sola explicación tomada de las redes sociales.

“Lo escribió para generar una reacción negativa”.

Con eso dejamos de preguntar qué está diciendo, qué está haciendo el texto y para qué lo está haciendo.

Ya. Se acabó la clase.

Imagínate ser heredera de cinco mil años de escritura.

Tablillas de arcilla. Pergaminos. Escribas dejándose la espalda. Monjes copistas perdiendo la vista a la luz de una vela. Señores acomodando letras una por una en una imprenta. Poetas muriéndose de tuberculosis. Gente escribiendo cartas de amor durante una guerra. Alguien terminando una novela de novecientas páginas a mano.

Cinco mil años de gente haciendo esfuerzos completamente desproporcionados por poner una idea por escrito.

Y llegar hasta aquí para pensar:

“seguro lo escribió para hacerme enojar A MÍ”.

¡No mms, Griselda!

HONREMOS EL MILAGRO DE LA ESCRITURA.

 

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