Ranking generacional de artistas
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Después de muchos años viendo arte, finalmente estoy en condiciones de presentar un ranking generacional:
Gen X >
Boomers >
Gen Z >
Millennials.
Lamentablemente tengo razones.
Empecemos por la Gen X.
Es una generación capaz de pensar: “¿Y si orino en una esquina de la galería?” y que la siguiente pregunta sea cómo hacerlo. Eso hizo Joaquín Segura en Go take a leak (2002).
La Gen X mexicana tiene una relación con la orina que en algún momento tendremos que estudiar por separado. Marcela y Gina también se hicieron pipí en una feria de arte en Francia (Eau de toilette, 1999)
Una millennial piensa “¿y si orino en una esquina de la galería?” y antes de bajarse el cierre ya está dando un speech sobre qué cuerpos han tenido históricamente derecho a orinar en espacios institucionales. La idea tiene que pasar inmediatamente por un aparato discursivo que la legitime y la domestique. Hay que situarla, problematizarla, aclarar el lugar de enunciación y, ya de paso, pedir perdón por sus privilegios. Para cuando finalmente va a hacer pipí, o ya cerró la galería o ya la funaron.
Una Gen X no. No tiene que llevar la idea a un lugar seguro antes de dejarla existir.
Por eso su arte puede ser malicioso, irreverente, desagradable, cómico, injusto, sensual, idiota, cruel o desconcertante.
Alguien puede pensar: ¿qué pasa si lleno una casa de chile piquín?
Y llenar una casa de chile piquín [1].
Nadie necesita una casa llena de chile piquín. No resuelve un problema. No propone una organización social más horizontal. No tiene por qué revelar las estructuras invisibles del capitalismo.
Pero ahora existe una experiencia física, espacial y sensorial que la vida cotidiana difícilmente iba a ofrecerte, eso me parece una función extraordinaria del arte.
La Gen X merece su propia carta de amor, que escribiré en otra ocasión.
Después están las boomers. No se asusten, las boomers del arte no son las que comparten chistes en Facebook sobre cuánto odian a sus esposas.
Gabriel Orozco (64 años) es boomer. Teresa Margolles (63 años) es boomer. Mónica Mayer (72 años) es boomer. Magali Lara (69 años) es boomer. Julio Galán (tendría 68 años) sería boomer. Francis Alÿs (66 años) es boomer.
Las boomers todavía tenían una relación bastante grandilocuente con ser artistas. A mí eso me gusta.
No les daba tanta pena la ambición. Podían querer hacer una obra enorme, importante, definitiva, incluso medio mam*dora, sin tener que introducir inmediatamente una distancia irónica para demostrar que sabían que querer hacer una obra maestra era una cosa bastante ridícula.
Había una confianza en que el arte podía ser importante y en que una podía dedicar una cantidad absurda de vida, dinero, materiales y energía a intentar hacer algo extraordinario.
Francis Alÿs reunió a unas quinientas personas para mover una duna unos centímetros [2].
Voy a hacer una obra maestra.
Qué seguridad.
Qué falta de pudor.
Qué maravilla.
La Gen Z es la generación que incipientemente colecciono. Para efectos de este rigurosísimo estudio/ranking/rant, haremos dos divisiones:
Gen Z-A: todo es una categoría, todo tiene nombre, todo es trauma, todo requiere límites, lenguaje terapéutico y una identidad estética extremadamente específica. Fairycore, cottagecore, attachment style, red flags, safe spaces. Una taxonomía para respirar. Esta facción no me interesa mucho, es peligrosamente millenial. Incluso llegó un poco más lejos en lo absurdo.
Gen Z- B: creció exactamente en el mismo ecosistema y, por alguna razón, salió por el otro lado. Rara, excesiva, bastante libre, menos necesitada de explicar qué significa políticamente cada cosa. “Me obsesiona esto. Voy a hacer 400 piezas de esto”.
Hay algo que encuentro refrescante del grupo B: volvió a tener permiso para entusiasmarse. Esta es la gen Z que me interesa.
Dejamos lo peor para el final: las millennials. Tengo inmunidad para criticarlas. Soy de esa generación.
No soporto nuestra necesidad de demostrar que somos buenas personas a través de nuestro arte, la solemnidad, el miedo a ser malinterpretadas, la obsesión por posicionarnos correctamente, la manía de hacer obras que quieren educarte. Que confundamos hablar de temas críticos con hacer arte crítico. Puedes hablar del colonialismo, el poder, el patriarcado o la historia de México y limitarte a contarme algo que ya sabía. Encima de todo, hacerlo de forma tan churrrrrpia.
Supongo que esta es la parte donde tendría que decir algo bueno de las millennials para no parecer tan hater…
Creo que puedo vivir con esa acusación.
Obviamente hay artistas de todas estas generaciones que no se parecen en absolutamente nada a lo que acabo de describir. Es obvio. Es esperable. Es evidente. Son generaciones, no signos zodiacales.
El ranking no se trata en realidad de generaciones, sino de las cualidades que más me gustan del arte.
La libertad para hacer existir una idea extraña. La ambición de intentar hacer algo extraordinario. El entusiasmo de obsesionarte con algo y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Crear una situación que no podría existir fuera del mundo del arte.
Grandilocuencia. Desfachatez. Ambigüedad. Obsesión. Mundos propios.
Por eso las millennials terminamos al final, convertimos hacer arte en gestión de riesgos.
Gen X > boomers > Gen Z > millennials.
No acepto reclamaciones. Y si reclamas ¡seguro eres millenial!
Notas:
[1] Yoshua Okón. Cuarto enchilado, 1994.
[2] Francis Alÿs. Cuando la fe mueve montañas, 2002.
1 comentario
Jajajaja gran texto y todo cierto 😂😂 me encantó y sí dolió. Ntc. Al estudiar las reconstrucciones arqueológicas de los humanos del paleolítico, me di cuenta de que todas las personas son hermosas con sus rasgos individuales. Quizas es lo mismo aquí. No se si una generación es mejor que otra, o si su arte es mejor que otro. Quizas solo son las características que tienen por el mundo/tiempo en que les/nos tocó nacer y crecer. Eso pienso jajs. Gracias por los textos!