El listón y la bomba | Reseña
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Por Julieta Delgado
En 1938, después de una visita a México que lo dejara maravillado, André Breton escribió un texto en el que dejaba de manifiesto no sólo su propia visión fantasiosa del país, sino de la obra de una de las artistas más importantes del mismo: Frida Kahlo. En dicho texto, Breton describe la obra de Kahlo como “una cinta alrededor de una bomba”.
En 2025, Helena Chávez MacGregor decide publicar un ensayo en torno a la obra de Kahlo después de aceptar dar una conferencia sobre ella, aunque no se tratase de su área de investigación. Retoma la frase de Breton como provocación: El listón y la bomba. El arte de Frida Kahlo.
Naturaleza muerta: Viva la vida, 1954
El listón y la bomba incluye una postal de esta pintura, a la que MacGregor constantemente regresa
Desde un inicio, MacGregor deja claras dos cosas: la primera, una negativa a partir desde el análisis autobiográfico de la obra de Kahlo; la segunda, que además de una lectura crítica de una serie de obras, El listón y la bomba es el relato de la reconciliación de la propia Helena con la obra y la figura de Kahlo.
Para MacGregor, la tendencia a estudiar la obra de Frida desde la disección de su vida personal ha contribuido no sólo a continuar mistificando su figura, sino a ignorar líneas de investigación pictórica que pueden conectarla con el relato más amplio de la historia del arte. Su ensayo, desde luego, propone una lectura feminista de la obra de Kahlo. Pero más allá de pretender “reivindicar” la figura de una artista que no lo necesita, evidencia los mecanismos misóginos de lectura que han contribuido a oscurecer su trabajo en favor de la construcción de un personaje.
Además de la revisión en clave feminista, MacGregor propone una serie de lecturas que ligan las ideas de escritoras y teóricas contemporáneas con la pintura de Kahlo. Walter Benjamin, Sarah Ahmed, Deleuze y Guattari, Vinciane Despret y Johanna Hedva son algunas de las teóricas con las que MacGregor busca poner a dialogar la obra de Frida.
El hecho de que MacGregor se haya decantado por la redacción de un ensayo y no otro tipo de texto no es casual. Como menciona en la introducción al libro: “No encontrarán aquí un análisis de la obra ni de la vida de Kahlo (...) Aquí lo que hay es un ensayo, que lo que hace es justo eso: ensayar ideas, relaciones, pensamientos.” Posicionarse desde el ensayo permite que el texto se lea como una suerte de prueba y error, en el que algunas proposiciones resultan más acertadas que otras. Asimismo, destaca la pertinencia de la vinculación emocional con el arte: “Un ensayo que intenta (...) contarles lo que (la obra de Kahlo) abrió en mí.”
Lo que el agua me dio, 1939
Otra de las obras revisadas por MacGregor
El que MacGregor parta de experiencias personalísimas –la muerte de personas queridas o el fin de una relación amorosa– para conectar con aspectos importantes de la obra de Kahlo es, quizá de manera paradójica, lo que más aprecio de El listón y la bomba. Si bien una de las mayores contribuciones del ensayo es precisamente la crítica a la disección clínica que se ha ejercido sobre la vida de Kahlo, MacGregor se vale de un recurso autobiográfico similar para conectar entre sí las lecturas que hace de la obra de la artista. Lecturas que, en ocasiones, no tienen mucho en común entre ellas más allá de reflejar los intereses de investigación personales de la autora, pero que adquieren coherencia cuando se entiende el proceso de pensamiento detrás de ellas.
A manera de metodología, en nueve de los diez apartados que componen El listón y la bomba, MacGregor utiliza una pintura particular de Kahlo como detonante para desarrollar un tema.* Esto deviene en un constante ir y venir entre puntos de conexión emocionales y anclajes teóricos, algunos mejor logrados que otros. Entre aquellos más sobresalientes están los cuatro capítulos del medio, dedicados, a grandes rasgos, a explorar nociones de violencia patriarcal, enfermedad, cuidado y autodeterminación identitaria. Dichos apartados giran en torno a las obras Hospital Henry Ford (1932), Lo que el agua me dio (1939), Autorretrato con el pelo cortado (1940) y La columna rota (1944).

La columna rota, 1944
Por ejemplo, el apartado dedicado a La columna rota logra establecer puntos de conexión claros entre las representaciones de la enfermedad en la obra de Kahlo y la teoría de la mujer enferma de Johanna Hedva, hilando ideas en torno a la enfermedad como catalizadora del cuidado y la (in)visibilidad y agencia política de las mujeres enfermas. Es en este apartado también que MacGregor aborda la muerte de su amiga Prishani, a quien está dedicado el libro.
Los penúltimos dos apartados –dedicados a la lectura de las obras Raíces (1943) y El venado herido (1946)– carecen de la potencia de aquellos que los anteceden, quizá por la falta de coherencia con el resto del cuerpo teórico y sensible que permea al ensayo. Es difícil aceptar la pertinencia de un apartado que introduce nociones de antropocentrismo, tomando como referencia lo animal desde Derrida, dentro de un ensayo que anteriormente no ha tocado –ni sugerido– un tren de pensamiento similar.
El venado herido, 1946
En ese sentido, El listón y la bomba funciona mejor cuando hace aquello que promete desde un inicio: compartir con nosotras cosas que mueven y sorprenden a su autora. Cuando se da la oportunidad de ser honesta –como al confesar que en realidad no hay necesidad de escribir otra cosa sobre Frida Kahlo, sino sólo el deseo de hacerlo.
Más allá de demostrar que se puede hablar de la obra de Kahlo citando a Deleuze, a Ranciére o a Latour, MacGregor propone una forma de escribir sobre arte que se permite ser curiosa y rigurosa a partes iguales. Que no sólo ensaya nuevas lecturas de algo que ya ha sido leído hasta el cansancio, sino que además insiste en la pertinencia de dichas lecturas no por su congruencia o validez teórica, sino porque despiertan algo en ella. Algo que le resulta tan valioso como para buscar compartirlo con otras.
¿No es eso lo que debería hacer la escritura sobre arte? Proponer una puesta en marcha de pensamiento atento, consciente y riguroso, que logre conexiones inesperadas e innovadoras. No sólo entre la obra y su contexto histórico, social y político, sino también entre la obra y quien escribe sobre ella.
El gran acierto de El listón y la bomba, además de que no busca contener la totalidad de interpretaciones o lecturas en torno a la obra de Frida Kahlo, es que su autora no rechaza ni minimiza los vínculos particulares que la unen con aquello de lo que está escribiendo. Su mayor aportación está no sólo en las lecturas que propone, sino en la noción de que siempre se puede mirar lo ya conocido con nuevos ojos.
Finalmente, si bien se trata de un ensayo cuyo lenguaje es accesible y se sale del ámbito académico en el que su autora está inserta, funciona mejor para quienes, como ella, ya tienen una noción de la obra de Frida Kahlo –positiva o negativa– y buscan encontrarse con ella desde otro lugar.
★★★★☆
4 de 5 estrellas
El listón y la bomba. El arte de Frida Kahlo
2025
Editorial Lumen
Penguin Random House
* Un punto negativo que me gustaría resaltar es la aparente falta de corrección de estilo en el ensayo, aún si ésta no afecta la estructura del texto pero sí la experiencia de lectura. Digo aparente porque no hay ningún indicador explícito de la ausencia de una editora mas allá de varias estructuras gramaticales mal redactadas y errores de ortografía. Si bien se trata de detalles mínimos, me llaman la atención por tratarse de un libro que fue revisado y publicado por instituciones de prestigio, como lo son el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y el grupo editorial Penguin Random House.