Niñas buenas
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Ya no tenemos curadoras. Ahora solo tenemos niñas buenas.
Llegué a esta conclusión después de leer decenas de entrevistas a mis colegas. Hildegard Titus lo pone así: «Cuando la gente me pregunta qué es una curadora, suelo decir: es como la mamá de la artista. Dices: Estoy aquí para ti; lo que sea que quieras, lo haré por ti».
Quedé. Siglos de feminismo —bueno, años, porque somos de la cuarta ola; bueno, posteos, porque tampoco es como que leemos teoría— luchando para no maternar pelados y ahora resulta que ¡maternamos artistas!.
No puede ser, alguien tiene que tener una definición menos migajera de la curaduría. Seguí buscando. Zoe Latzer dijo: «Gran parte de mi práctica curatorial está arraigada en el cuidado: el cuidado de las artistas, de la comunidad y del público. Se trata de salir de la oposición entre “sé” y “no sé” y pasar al “yo cuido”».
¿Dónde he escuchado eso antes? Suena al llamado «síndrome de la niña buena», según la psicología pop: «La principal característica de este patrón es el hecho de priorizar de forma habitual las necesidades y los deseos del resto de personas por encima de los propios». El mismo artículo añade: «Puesto que se tiende a idealizar el cuidado y a priorizar a las otras personas, es habitual encontrarse con dificultades para expresar las propias emociones y poner límites».
Lo pongo en una tablita, para que nadie me diga que no lo nota:
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«Niña buena», según la psicología pop |
Curadora, según Titus |
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Prioriza los deseos ajenos por encima de los propios. |
«Lo que quieras, lo haré por ti». |
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Intenta cumplir las expectativas de la otra persona. |
Su función es facilitar lo que la artista quiere, porque «ellas son las jefas». |
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Evita el conflicto para no perder la aprobación. |
Cuenta que una artista pintó unas esculturas que ella prefería sin pintar; aunque le disgustó la decisión, consideró que debía hacerla sentir cómoda. |
El parecido da miedo. Me podría seguir: En Princeton armaron un ciclo de charlas sobre curaduría y «prácticas de cuidado radical»; en Nueva York, una curadora dice que ella cuida artistas, público y colecciones. Le paro aquí porque ya entendieron.
¿Cuándo dejarmos de vernos como autoras, creadoras de sentido, investigadoras con preguntas propias, interlocutoras capaces de discutir con una artista, profesionales cuyo criterio puede cambiar el rumbo de una exposición? ¿Cuándo empezamos a hablar de nuestra propia profesión como si ejercerla con autoridad fuera una falta de consideración hacia alguien más?
Me van a decir: «Es que curaduría viene del latín curare, que significa cuidar». Sí. También seminario viene de semen y no vamos a fundar una teoría de lo que un seminario debería ser a partir de eso.
Ya nadie le atora a reconocerse como una agente con poder dentro del mundo del arte. Ahora pura «práctica de cuidados». El poder no es necesariamente malo, pleno 2026 y aún tenemos que recordar esto. Poder es la capacidad de hacer algo. Hacer exposiciones que no existirían sin tu mirada, poder responder por ellas, incluso cuando una artista y tú no están de acuerdo. Para eso necesitas reconocer que tienes criterio y que tu trabajo produce sentido. ¿Por qué tendrías que describir todo eso como si tu mayor virtud fuera no querer nada para ti?
Elegir qué expones ya es ejercer poder, igual que decidir cómo aparece el arte y desde qué lectura lo presentas. Puedes llamarlo cuidado, pero la obra que no escogiste igual se quedó fuera. Y está bien, en eso consiste tu jale.
Entiendo que una curadora que trabaja en un museo y recibe un sueldo mensual tiene un respaldo: la institución ya reconoce lo que hace como un trabajo y le asigna un salario. Que se describa como «cuidadora» o «facilitadora» me sigue pareciendo insuficiente para describir lo que hace, pero de cualquier manera le pagan. Una curadora freelance tiene que negociar ese reconocimiento cada vez que presenta un proyecto. Si ella misma describe su trabajo como una disposición a ayudar, vuelve más difícil explicar por qué ese "apoyo" amerita honorarios.
Sé de donde sale tanta modestia: de la crítica a la figura de la curadora legitimadora y todopoderosa, la que decide qué arte vale la pena y cuál no. Mami, eso iba dirigido a la directora de la documenta, la exposición internacional más importante. A ti ni te pagaron el taxi. Es como si una artista emergente se sintiera mal por los precios que alcanza Koons.
Sigo de cerca el trabajo de varias curadoras porque me interesa su visión del arte. Quiero ver el arte mediado y filtrado por ellas. Por favor, métete entre la obra y yo y contamina mi experiencia. Impón tu visión, a ver hasta dónde llegas con ella. Quiero salir de tu exposición y seguir viendo cosas por tu culpa. De nada me sirve que seas la mamá de la artista ni la cuidadora de nadie.